El olvido total constituye la base misma de la creación artística, Marina Tsvietáieva

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Una persona tras leer el Werther se pega un tiro; otra lo lee también, y porque Werther se pega un tiro, decide vivir. Una actuó como Werther, la otra como Goethe. ¿Lección de autoaniquilación? ¿Lección de autodefensa? Lo uno y lo otro. Goethe, según una cierta ley de un momento determinado de su vida, debía disparar a Werther; el demonio suicida de toda una generación debía encarnarse precisamente mediante la mano de Goethe. Dos veces fatal necesidad, y como tal –irresponsable. Y llena de consecuencias.
¿Acaso es culpable Goethe de todas las muertes posteriores?
Él mismo en su maravillosa senectud respondió: no. De otro modo no nos atreveríamos siquiera a pronunciar palabra alguna, ya que ¿quién puede calcular el efecto que causa una determinada palabra? (La idea es suya, la transmisión de la misma es mía).
Y yo en nombre de Goethe respondo: no.
Goethe no tenía mala voluntad, carecía de voluntad alguna a excepción de la voluntad creativa. Él, creando a su Werther se olvidó no sólo de todos los demás (o sea, de sus posibles desgracias) sino que se olvidó de sí mismo (¡de su propia desgracia!).
El olvido total, o sea el olvido de todo aquello que no sea la obra, constituye la base misma de la creación artística.
Si Goethe hubiera escrito, tras todo lo acontecido, un segundo Werther –si, a pesar de toda credibilidad, hubiera tenido una necesidad imperiosa de escribirlo de nuevo- ¿hubiera sido juzgado entonces? ¿Y Goethe sabiéndolo lo hubiera escrito?
Lo hubiera escrito mil veces si hubiera sentido la necesidad; al igual que no hubiera escrito la primera línea del primero si la presión hubiese sido un poco menor.
-¿Y hubiera sido juzgado entonces?
Como ser humano –sí, como artista- no.
Diré más todavía: Goethe habría sido juzgado y condenado como artista, precisamente en el caso de que hubiera destruido dentro de sí a Werther con la finalidad de salvaguardar otras vidas humanas (para cumplir el mandamiento: no matarás). Aquí la ley artística es manifiestamente contraria a la ley moral. El artista es culpable sólo en dos casos: en el caso, ya antes mencionado, de renuncia a una obra (no importa en beneficio de quién) y en el caso de la creación de una obra que no es artística. Aquí finaliza su ínfima responsabilidad artística y comienza su enorme responsabilidad humana.
La creación artística es, en algunas ocasiones, una cierta atrofia de la conciencia, ese prejuicio moral sin el cual el arte no puede existir. Para ser bueno el arte ha debido renunciar a una buena parte de sí mismo. El único modo para el arte de ser bueno a ciencia cierta es no ser. El arte se acabará cuando la vida del planeta acabe.

Marina Tsvietáieva
El arte a la luz de la conciencia, 1932

Imagen de Marina Tsvietáieva

13 comentarios
  1. Multitud de ideas me sugiere este magnífico fragmento. Que el arte se basa en el olvido es lo que viene a decir Schopenhauer, más exactamente… bueno, utilizando el mismo lenguaje diría que la creación artística necesita del olvido de pasiones e intereses propios. Que el arte nada tiene que ver con la moral lo afirmó sin rubor Oscar Wilde. Y en cuanto a Goethe, cuando creaba, no podía actuar de otra manera que como el artista que era. Y para los interesados en Werther y Goethe: http://antoniopriante.wordpress.com/2013/10/15/las-pistolas-de-werther/

    • Olvidarse de ciertas pasiones, otras son necesarias… Gracias por enriquecer la entrada, como siempre. Me gustó mucho tu artículo. Un abrazo Antonio.

  2. Maia L.B. dijo:

    El último párrafo no me cierra. Si la creación artística es una cierta atrofia de la conciencia, entonces ese es el prejuicio moral CON el cual el arte no puede existir.
    Luego, para ser bueno el arte ha debido renunciar a una buena parte de sí mismo. Yo diría que es el artista y no el arte quien debe renunciar a una buena parte de sí mismo.
    “El único modo para el arte de ser bueno a ciencia cierta es no ser.”: no lo entiendo.

    Por lo demás, me parece un texto espléndido.

    Un saludo.

    • “El único modo para el arte de ser bueno a ciencia cierta es no ser.” Una manera un poco edulcorada de decir que si quieres ser bueno, no hagas arte. Igual que si quieres ser malo. El arte es independiente de cualquier objetivo. El arte es. Por eso Tsvietáieva opone la noción de “consecuencia” a la de “objetivo”. Las consecuencias de la obra en la sociedad no son controlables por el artista.
      “Yo diría que es el artista y no el arte quien debe renunciar a una buena parte de sí mismo.” Completamente de acuerdo contigo: creo que aquí confunde las dos cosas. El arte no renuncia a nada, el arte es. Es el artista quien renuncia y sufre una cierta atrofia de la conciencia.
      No sé si todos los escritores estarían de acuerdo con este punto de vista. ¿Dónde colocamos la “littérature engagée” por ejemplo? Gracias Maia por tu comentario. 1 abrazo.

  3. José María Villanueva dijo:

    Pffff… este es el camino de la locura, pero no puedo evitar admitir que sin esto es imposible ser artista.

    Es decir…. ¿justificaría esto cualquier cosa?. O dicho de otro modo. ¿Se puede justificar cualquier cosa con el arte?

    Al final el camino que hay entre la mediocridad y la locura es tan fino como el filo de una navaja.

    A nosotros, pobres mortales, tan solo nos resta el convivir con la desesperación que nos deja la impotencia.

    Un saludo desde Plaza Castilla.

    Felicidades por tu blog

  4. El artista debe dominar el medio para que su intención coincida con el resultado final.
    El artista no debe dar mensajes ni educar al pueblo.
    El artista no renuncia, transforma, incorpora.
    El artista es el Dios del Universo que habitan sus personajes y por tanto es “responsable” de lo que a estos suceda. Una vez que su obra es publicada (que queda expuesta al público) no le pertenece y no debería ni defenderla ni justificarla.

    PS Acaban de decírmelo mis perras, mientras les daba sus dosis de caricias mañaneras.
    Ellas son muy radicales. Y muy perras.

    Saludos, estimado.

    • Maia L.B. dijo:

      Totalmente de acuerdo con mi amigo Triste, que suele darme algunas Alegrías. Un beso a ambos.

      • Aunque puedo coincidir en muchas de tus afirmaciones, me cuesta ser tan tajante. Los siglos XVII y XVIII franceses son un gran ejemplo de literatura política y subversiva. Me niego a creer que las Fábulas de La Fontaine, los cuentecitos de salón de Voltaire, el teatro de Molière etc… no tengan mensaje y no pretendan influenciar si no el pueblo, la élite de la época. ¿Y qué pensar de Victor Hugo, Camus, Sartre, Ionesco para ceñirnos a Francia? Una obra artística es compleja y es mezcla de muchos elementos que se alimentan mutuamente. Puedo imaginarme un artista teniendo la necesidad interior de transmitir un mensaje a través de su obra en un contexto de dictadura por ejemplo. Gide y Valéry criticaron severamente “l’engagement” y es cierto que el compromiso con una causa puede perjudicar la autenticidad de una obra. Sin embargo algunas tiranías (colonialismo, absolutismo, totalitarismo, machismo; muchos muchos –ismos) han condicionado la creación de obras artísticas irrepetibles ya que el arte es resistencia. Un saludo a ambos, sin olvidar a las sabias perras de Triste Sina (¡aliteración al canto!). 1 abrazo.

  5. Por supuesto un creador es, también sus circunstancias, y estará influenciado profundamente por ellas. Mi punto es, mis perras no llegan a tanto, es que si la tripa o la misión mesiánica prevalen sobre el oficio nos encontraremos de frente a un panfleto y no a una obra literaria. Puedo leer a Borges sin sentirme acólito de la gentuza que frecuentaba, Manzoni no. Jovencillo tuve un trip con Kundera hasta que me topé con “la broma”, me pareció puro resentimiento. Cierro con un ejemplo de algo en lo que soy competente: puedes escuchar a Bach sin creer aún siendo ateo, porque Bach era ante todo un artista y conseguía hacer trascender su profunda fe cristiana a través de complicadísimas referencias gemiátricas, sin limitarse simplemente a utilizar las combinaciones de acordes que la tradición asociaba a la idea de dios. PS Perdona, no volveré a hacerlo. 😉

    • Porgo le mie scuse per davvero… non Manzoni, s’intende, ma D’Annunzio (quel pervertito)

      • Comparto completamente tu punto, lo que cuanto más va la cosa, más me topo con que los propios escritores viven diferentemente su labor. Pero es cierto que el arte tiene su propia materia, independiente de la agitación de las épocas. Me ha gustado mucho tu ejemplo de Bach, ya me explicarás qué son esas “referencias gemiátricas”… 🙂
        Interesante que menciones a Kundera y Borges. Tenían concepciones opuestas de la literatura. Borges se preguntaba a contracorriente “si no le prestamos demasiada atención a la historia. Atender a la historia de la literatura es en realidad una forma de incredulidad, de escepticismo”. Del otro lado, Kundera sigue siendo, a mis ojos, un gran aventurero de la literatura y su método era el histórico.
        PS2: Tus opiniones y -sobre todo- las de tus perras son más que bienvenidas en esta calle.
        1 abrazo

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