Sería prodigioso que un crítico se convirtiera en poeta, y es imposible que un poeta no contenga a un crítico. Por consiguiente el lector no se asombrará si considero al poeta como el mejor de todos los críticos. Quienes reprochan al músico Wagner por haber escrito libros sobre la filosofía de su arte, y quienes extraen de ello la sospecha de que su música no es un producto natural, espontáneo, deberían también negar que Vinci, Hogarth, Reynolds, hayan podido realizar buenas pinturas, simplemente porque dedujeron y analizaron los principios de su arte. ¿Quién habla mejor de la pintura que nuestro gran Delacroix? Diderot, Goethe, Shakespeare: otros tantos productores, otros tantos admirables críticos.
Charles Baudelaire
Richard Wagner y Tannhäuser en París
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Todo cuanto puedo comprender de la palabra académica es que resulta vergonzoso obedecer a esa ley con placer y que somos culpables de regocijarnos en nuestro destino. Ese sol que hace unas horas aplastaba todas las cosas con su luz recta y blanca va a inundar muy pronto el horizonte occidental con colores variados. En los juegos de ese sol agonizante, ciertos espíritus poéticos hallarán nuevas delicias; descubrirán en él columnatas deslumbradoras, cascadas de metal en fusión, paraísos de fuego, un esplendor triste, la voluptuosidad de la pena, todas las magias del ensueño, todos los recuerdos del opio. Y la puesta del sol aparecerá ante ellos, en efecto, como la maravillosa alegoría de un alma cargada de vida, que desciende por detrás del horizonte con una magnífica provisión de pensamientos y de sueños.
Pero los profesores no han pensado que, durante el movimiento de la vida, esta complicación, esta combinación, puede presentarse de manera completamente inesperada para su sabiduría de colegiales. Y entonces su insuficiente lenguaje cae en falta, como en el caso —un fenómeno que quizá se multiplicará con variantes— de una nación que comienza por la decadencia y empieza por donde las otras se acaban.
En las inmensas colonias del siglo actual se crean literaturas nuevas y, en ellas, se producirán, seguramente, accidentes espirituales de la escuela.
Charles Baudelaire
Nuevas notas sobre Edgar A. Poe
Traducción: Ramón Gómez de la Serna
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Todos entienden sin dificultades que si los hombres encargados de expresar lo bello se adaptaran a las reglas de los profesores diplomados, lo bello desaparecería de la tierra, ya que todos los tipos, todas las ideas, todas las sensaciones se confundirían en una vasta unidad, monótona e impersonal, inmensa como el aburrimiento y la nada. La variedad, condición sine qua non de la vida, quedaría borrada de la tierra. ¡A tal punto es cierto esto, que en las múltiples producciones del arte hay algo siempre nuevo que escapará eternamente a la regla y a los análisis de la escuela! El asombro, que es uno de los grandes goces provocados por el arte y de la literatura, forma parte de esa variedad misma de los tipos y sensaciones. El profesor diplomado, especie de mandarín tirano, me hace siempre el efecto de un impío que sustituye a Dios.
Charles Baudelaire
Sacado de Antología de escritos sobre arte
de Paul Éluard
Foto: Charles Baudelaire