No sé sobre qué estoy escribiendo; soy oscura para mí misma. Solo tuve inicialmente una visión lunar y lúcida, y entonces capturé para mí el instante antes de que muriese, y que perpetuamente muere. No es un mensaje de ideas lo que transmito y sí una instintiva voluptuosidad de lo que está escondido en la naturaleza y que adivino. Y esta es una fiesta de palabras. Escribo con signos que son más gesto que voz. Todo esto es lo que me he acostumbrado a pintar revolviendo en la naturaleza íntima de las cosas. Pero ahora ha llegado la hora de parar la pintura para recuperarme, me recupero en estas líneas. Tengo una voz. Del mismo modo como me lanzo en el trazo de mi dibujo, este es un ejercicio de vida sin planteamiento. El mundo no tiene un orden visible y yo solo tengo el orden de la respiración. Me dejo suceder.
Estoy dentro de los grandes sueños de la noche; porque el ahora-ya es de noche. Y canto al paso del tiempo; todavía soy la reina de los medas y de los persas y soy también mi lenta evolución que se lanza como un puente levadizo hacia un futuro cuyas nieblas blanquecinas ya respiro hoy. Mi aura es el misterio de la vida. Yo me sobrepaso abdicando de mí y entonces soy el mundo: sigo la voz del mundo; yo misma de repente con voz única.
El mundo: un enmarañado de hilos telegráficos erizados. Y la luminosidad sin embargo oscura; esta soy yo ante el mundo.
Clarice Lispector
Agua viva
Traducción: Elena Losada
Foto: Clarice Lispector