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Archivos Mensuales: septiembre 2012

De todos los que se regalaron con Tolstói, Dostoievsky y Chéjov en los últimos veinte años, no más de uno o quizás dos pudieron leerlos en ruso. Nuestras estimaciones de sus cualidades fueron formadas por críticos que nunca leyeron una palabra en ruso, nunca vieron Rusia, incluso nunca oyeron esa lengua hablada por nativos; hemos tenido que depender, ciega e implícitamente, del trabajo de los traductores.

Lo que estamos diciendo se limita a lo siguiente, entonces: que hemos juzgado toda una literatura desnudada de su estilo. Cuando se ha cambiado toda palabra de una oración del ruso al inglés, con eso se ha alterado un poco el sentido y del todo el sonido, el peso y al acento de las palabras en la relación que guardan entre sí; nada queda sino una versión tosca y burda del sentido. Así tratados, los grandes escritores rusos son como hombres privados, por un terremoto o un accidente ferroviario, no sólo de su ropa, sino de algo más sutil e importante: sus costumbres, la idiosincrasia de su carácter. Lo que resta es, como lo han probado los ingleses mediante el fanatismo de su admiración, algo muy poderoso y muy impresionante, pero es difícil estar seguros, dadas hasta dónde confiar en que no estamos haciéndoles imputaciones, no los estamos distorsionando, no estamos leyendo en ellos un subrayado que es falso.

Virginia Woolf, 1925
El punto de vista ruso

Foto: Studio Lévy and Sons
Accidente ferroviario en la estación Montparnasse, 1895

De tanto en tanto, escribo un poema de metro. Este es uno.
¿Quieres saber qué es un poema de metro? Admitamos que la respuesta sea si. He aquí un poema de metro.
Un poema de metro es un poema compuesto en el metro, durante un recorrido.
Un poema de metro tiene tantos versos como estaciones tiene el viaje, menos uno.
El primer verso se compone mentalmente entre las dos primeras estaciones del viaje (contando la estación de salida).
Se transcribe al papel cuando el metro se detiene en la segunda estación.
El segundo verso se compone mentalmente entre la segunda y tercera estación del viaje.
Se transcribe al papel cuando el metro se detiene en la tercera estación. Y así sucesivamente.
No se debe transcribir cuando el metro está en marcha.
No se debe componer cuando el metro está parado.
El último verso del poema se transcribe en el andén de la última estación.
Si el viaje impone uno o varios cambios de líneas, el poema consta de dos estrofas o más.
Si por desgracia el metro se detiene entre dos estaciones, siempre es un momento delicado de la escritura de un poema de metro.

Jacques Jouet
Oulipo, La Guirnalda de Paul

Foto del metro de Paris

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