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Archivos Mensuales: octubre 2012

La epilepsia es para el traductor la imagen de la lengua de Dostoievski.

Traducir El Idiota es vivir durante un año en una tensión constante, con una respiración particular: nunca a pleno pulmón, siempre tratando de recuperar el aliento, siempre jadeando, tratando de aguantar ese indescriptible impulso que convierte casi cada movimiento del pensamiento, cada párrafo, incluso cada frase, en una larga subida, una explosión seguida de un descenso repentino; y sin tregua, durante más de mil páginas; es prestar atención a las comas, a los puntos y coma -porque marcan esa respiración; es respetar el orden de los complementos -por lo general acumulados a pesar del buen sentido-, respetar los incisos, y, sobre todo, mantener siempre al mismo tiempo dos elementos opuestos: por un lado, la velocidad, el arrebato; por el otro, la ironía que desvía supuestamente el movimiento, pero que de hecho está ahí para que éste sea más exigente e incontrolable, todavía más cruel.

Nunca antes la imagen física de un autor escribiendo su novela me había acosado tanto. Cada mañana, poniéndome a trabajar, con una especie de felicidad aterrorizada, le veía aparecer ante mí y yo me preguntaba:

“¿Pero cómo puede un hombre haber escrito esto?”

Si el lector, al cerrar esta edición, siente un poco de mi asombro y de mi cansancio, habré logrado transmitir algo verdadero.

André Markowicz, 1993
Prólogo del traductor

Dibujo : Vasily Perov
El jefe de Pugachev.

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