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Archivos Mensuales: diciembre 2012

Carceri Piranesi

“Dinamarca es una prisión”, dice Hamlet. “Entonces, el mundo también lo es”, replica el insípido Rosencrantz, ganándole por una vez la partida al príncipe vestido de negro. ¿Habrá que suponerle a Piranesi una concepción del mismo estilo, la visión clara de un universo de prisioneros? Fácil es para nosotros -ensombrecidos por dos siglos suplementarios de aventura humana- reconocer ese mundo limitado y, sin embargo, infinito, en donde hormiguean obsesivos y minúsculos fantasmas: reconocemos al cerebro del hombre. […]

Contemplemos esas Carceri (Cárceles), que son, junto con las pinturas negras de Goya, una de las obras más misteriosas que nos ha legado un hombre del siglo XVIII. En primer lugar se trata de un sueño. Ningún conocedor en materia onírica vacilará ni un instante ante esas páginas marcadas por las principales características del estado de sueño: la negación del tiempo, la desnivelación del espacio, la levitación sugerida, la embriaguez de lo imposible reconciliado o superado, un terror más cercano al éxtasis de lo que piensan aquellos que, desde fuera, analizan los productos del visionario, la ausencia de lazos o contactos visibles entre las partes o los personajes del sueño y finalmente, la fatal y necesaria belleza. Además, y para dar a la formula baudelairiana su sentido más concreto, es un sueño de piedra. La piedra formidablemente tallada y colocada por la mano del hombre constituye casi la única materia de las Carceri; únicamente aparecen a su lado, por aquí y por allá, la madera de una viga, el hierro de un gato o una cadena; al revés de lo que ocurría en Vedute y en Antichità, piedra, hierro y madera han dejado de ser sustancias elementales para no ser más que una parte constituyente del edificio, sin relación con la vida de las cosas. El animal y la planta son eliminados de esos interiores en donde reina exclusivamente la lógica y la locura humana; ni el más mínimo musgo desluce esas paredes desnudas. Los elementos mismos están ausentes o estrechamente subyugados: la tierra no aparece por ninguna parte, cubierta por enlosados o pavimentados indestructibles; el aire no circula; ni un soplo de viento -en la plancha donde figuran trofeos- anima la seda andrajosa de las banderas; una inmovilidad perfecta reina en esos grandes espacios cerrados.

Marguerite Yourcenar
El cerebro negro de Piranesi, 1979

Grabado de Giovanni Batista Piranesi
Carceri d’invenzione, 1760

Alfred Hitchcock

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”

H.P. Lovecraft
El horror en la literatura

“Lo fantástico puro, lo fantástico que ha dado los mejores cuentos, está raramente centrado en la alegría, el humor, las cosas positivas. Lo fantástico es negativo, se aproxima siempre a lo horrible, a lo espantoso. No he llegado a comprender por qué lo fantástico está centrado en el costado nocturno del hombre y no en su lado diurno.”

Julio Cortázar
En una entrevista

“La tristeza es como la alegría: si te detienes a examinar sus causas acabas con ella. ¿Y quién quiere acabar con la tristeza? ¿O deberíamos decir: quién puede acabar con ella? La vida es triste. Si es verdad que en un cuento se concentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento será siempre un cuento triste.”

Bárbara Jacobs y Augusto Monterroso
Antología del cuento triste

Foto: Alfred Hitchcock

Fuente: Miguel Díez R. Introducción a Antología de cuentos e historias mínimas

Lev Tolstoi

Hay una vieja fábula oriental que cuenta la historia de un viajero sorprendido en la estepa por una bestia furiosa. Para escapar de la bestia, el viajero salta al interior de un pozo sin agua, pero en el fondo del pozo ve un dragón con las fauces abiertas, dispuesto a devorarle. Y el infeliz, sin atreverse a salir por temor a convertirse en presa de la bestia feroz, ni a saltar al fondo del pozo para no ser devorado por el dragón, se agarra a las ramas de un arbusto salvaje que crece en las grietas del pozo, y así queda colgado. Los brazos se le debilitan y siente que pronto tendrá que abandonarse a la muerte, que le espera a ambos lados, pero sigue aferrándose, y mientras se aferra, mira alrededor y ve que dos ratones, negro uno y blanco el otro, giran regularmente en torno al tronco del arbusto del cual está colgado, y lo roen. De un momento a otro el arbusto se quebrará, y él caerá en las fauces del dragón. El viajero lo ve y sabe que su muerte es inevitable; pero, mientras continúa suspendido, busca a su alrededor, y halla sobre las hojas del arbusto algunas gotas de miel; las alcanza con la lengua y las lame. Así me aferro a las ramas de la vida, sabiendo que el dragón de la muerte me espera inevitablemente, preparado para despedazarme, y no puedo comprender por qué soy sometido a este tormento. E intento chupar esa miel que antes me consolaba; pero esa miel ahora no me da placer, y, entretanto, el ratón blanco y el negro roen noche y día la rama de la que cuelgo. Veo claramente el dragón, y la miel ya no me parece dulce. No veo más que una cosa: el ineludible dragón y los ratones, y no puedo apartar la vista de ellos. Y esto no es una fábula, sino la auténtica, la incontestable, la inteligible verdad para todos.

Lev Tolstói
Confesión, 1882

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