Las Cárceles de Piranesi, Marguerite Yournecar

Carceri Piranesi

“Dinamarca es una prisión”, dice Hamlet. “Entonces, el mundo también lo es”, replica el insípido Rosencrantz, ganándole por una vez la partida al príncipe vestido de negro. ¿Habrá que suponerle a Piranesi una concepción del mismo estilo, la visión clara de un universo de prisioneros? Fácil es para nosotros -ensombrecidos por dos siglos suplementarios de aventura humana- reconocer ese mundo limitado y, sin embargo, infinito, en donde hormiguean obsesivos y minúsculos fantasmas: reconocemos al cerebro del hombre. […]

Contemplemos esas Carceri (Cárceles), que son, junto con las pinturas negras de Goya, una de las obras más misteriosas que nos ha legado un hombre del siglo XVIII. En primer lugar se trata de un sueño. Ningún conocedor en materia onírica vacilará ni un instante ante esas páginas marcadas por las principales características del estado de sueño: la negación del tiempo, la desnivelación del espacio, la levitación sugerida, la embriaguez de lo imposible reconciliado o superado, un terror más cercano al éxtasis de lo que piensan aquellos que, desde fuera, analizan los productos del visionario, la ausencia de lazos o contactos visibles entre las partes o los personajes del sueño y finalmente, la fatal y necesaria belleza. Además, y para dar a la formula baudelairiana su sentido más concreto, es un sueño de piedra. La piedra formidablemente tallada y colocada por la mano del hombre constituye casi la única materia de las Carceri; únicamente aparecen a su lado, por aquí y por allá, la madera de una viga, el hierro de un gato o una cadena; al revés de lo que ocurría en Vedute y en Antichità, piedra, hierro y madera han dejado de ser sustancias elementales para no ser más que una parte constituyente del edificio, sin relación con la vida de las cosas. El animal y la planta son eliminados de esos interiores en donde reina exclusivamente la lógica y la locura humana; ni el más mínimo musgo desluce esas paredes desnudas. Los elementos mismos están ausentes o estrechamente subyugados: la tierra no aparece por ninguna parte, cubierta por enlosados o pavimentados indestructibles; el aire no circula; ni un soplo de viento -en la plancha donde figuran trofeos- anima la seda andrajosa de las banderas; una inmovilidad perfecta reina en esos grandes espacios cerrados.

Marguerite Yourcenar
El cerebro negro de Piranesi, 1979

Grabado de Giovanni Batista Piranesi
Carceri d’invenzione, 1760

4 comentarios
  1. Claro, siempre regreso, si bien bastante agotada pues los últimos meses han sido salvajes y recién ahora regreso y con nuevos bríos. Pero Calle del Orco me gusta mucho: es la paradoja entre lo pertinente y lo avieso. 🙂

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