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Archivos Mensuales: agosto 2013

Robert-Doisneau Regard oblique

SHECHNER: Algo que admiro en tu escritura es el comentario a bocajarro, la observación y la escucha. En el ensayo “E Unibus Pluram” (sobre la televisión y su creación de realidad, en Algo divertido) escribes: “Los escritores de ficción suelen ser mirones. Suelen merodear y estar atentos. Son observadores natos. … Son los que en el metro tienen esa mirada indiferente en la que hay algo de alguna manera inquietante. Casi depredador. Esto se debe a que las situaciones humanas son el alimento de los escritores. Los escritores de ficción miran a otros humanos igual que los curiosos desaceleran ante un accidente de coche: codician la imagen de sí mismos como testigos”.

WALLACE: Eso no es especialmente nuevo. Hay una anécdota que cuenta que a los amigos de Jane Austen les aterrorizaba hablar cerca de ella porque sabían que acabarían en un libro. No estoy seguro de cómo funcionan la ficción y la poesía, pero en parte consisten en que en realidad advertimos mucho más de lo que advertimos que advertimos. Una de las particularidades de la ficción es que ésta no consiste tanto en hacer de observador para los demás sino en despertar a los lectores al hecho de su propia perspicacia, y por eso como lector la mayoría de las descripciones o los devaneos que me gustan no son aquellos que parecen totalmente nuevos sino los que poseen ese espeluznante “Dios mío, yo también me había dado cuenta de eso pero nunca me había parado un instante para expresármelo a mí mismo”.


Conversación entre Mark Shechner y David Foster Wallace

15 de agosto del 2000

Foto de Robert Doisneau
Regard oblique. La vitrine de Romi, 1948

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Leer es pensar. No es que leemos y luego pensamos, sino que pensamos algo y lo leemos en un libro que parece escrito por nosotros pero que no ha sido escrito por nosotros, sino que alguien en otro país, en otro lugar, en el pasado, lo ha escrito como un pensamiento todavía no pensado, hasta que por azar, siempre por azar, descubrimos el libro donde está claramente expresado lo que había estado, confusamente, no-pensado por nosotros. Un libro para cada uno de nosotros. Hace falta, para encontrarlo, una serie de acontecimientos encadenados accidentalmente para que al final uno vea la luz que, sin saber, está buscando.

Ricardo Piglia
Blanco nocturno

Virginia Woolf

Si existiera en Inglaterra, como sucede en Francia, una Academia de las Letras con autoridad para decidir cuestiones controvertidas, quien escribe llamaría inmediatamente su atención sobre el estado caótico de la narrativa.
Durante trescientos años el cerebro humano ha estado dedicándose con gran vigor y fecundidad a escribir novelas, y ello ha dado lugar a los tipos más diversos.
Proust, Kipling, De La Mare, Elinor Glyn, Hardy y Wells son todos novelistas, pero sus libros difieren tanto como un galgo de un bulldog.
La mente humana es tan sugestionable que esta repetición de la misma palabra causa un daño considerable. El lector llega a la conclusión de que, dado que estas variedades de libros tienen el mismo nombre, tienen que ser de la misma naturaleza.
En algún lugar en lo hondo de su mente hay una forma vaga llamada “novela” a la que, a menudo con gran pérdida de tiempo y esfuerzo, trata de ajustar el espécimen que tiene delante. A menudo es extremadamente injusto.
Un ejemplo notable lo ha proporcionado recientemente William Clissold, de Wells. El libro ha sido condenado mil veces no por este o aquel fallo sino porque no es “una novela”.
Ya es hora de que este espectro imaginario pero todavía muy poderoso sea destruido.
Y puesto que estamos sin legisladores, imploremos a los propios novelistas que vengan en nuestra ayuda.
Cuando escriban una novela, que sean ellos quienes la definan. Que digan si han escrito una crónica, un documento, una narración o un sueño.
Pues no existe esa cosa llamada “novela”.

Virginia Woolf
¿Qué es una novela?
27 de marzo de 1927

Foto de Virginia Woolf

Etty Hillesum

Etty Hillesum, una joven judía holandesa muerta en Auschwitz, autora de escritos conmovedores, hizo de los poemas y cartas de Rilke su libro de cabecera. Allí encontró inspiración para conducir su vida, como escribe en su diario: “Rilke ha sido uno de mis grandes maestros en el año transcurrido, cada instante me lo confirma”. En la última página de este diario, redactada el 17 de octubre de 1942, inmediatamente antes de que la encierren en el campo de Westerbork, del que saldrá hacia Auschwitz, se pregunta sobre el papel que desempeña el poeta en su existencia, y escribe:

Era un hombre frágil, que escribió buena parte de su obra entre los muros de castillos donde era acogido, y si él hubiera tenido que vivir en las condiciones que nosotros conocemos hoy, quizá no hubiese resistido. Pero ¿no es justo y razonable que en épocas de paz y circunstancias favorables, los artistas de mayor sensibilidad dispongan del tiempo necesario para buscar con entera serenidad la forma más bella y la más adecuada a la expresión de sus intuiciones más profundas, para que quienes viven en tiempos turbulentos, devoradores, puedan reconfortarse con sus creaciones, y encontrar así un refugio ya preparado para sus angustias y para las preguntas que no saben ni expresar ni resolver, al tener todas sus energías comprometidas en las miserias de cada día?

Tzvetan Todorov,
Los aventureros del absoluto
(E. Hillesum, Une vie bouleversée)

Foto de Etty Hillesum

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