Una promesa de esperanza, William Faulkner

William Faulkner

Estoy de acuerdo con usted en que el mundo resulta unas veces más sombrío que otras, y ahora vivimos en tiempos muy oscuros. Pero sigo estando convencido de que el hombre es mucho más fuerte que cualquier tiniebla. De que la esperanza del ser humano reside en su capacidad de creer en el hombre, en su esperanza, en su aspiración a una condición humana mejor. Creo que el propósito de la escritura, del arte, es levantar acta del hecho de que el hombre siempre aspira a una condición humana mejor. La razón de que los libros duren más que los puentes y los rascacielos estriba en que son lo mejor que el ser humano ha descubierto hasta la fecha para registrar el hecho de que perdura, que es capaz de albergar esperanza, incluso en la tiniebla, de que sigue adelante, no se rinde. Y no se trata sólo de un registro del pasado, en el que ya ha demostrado que resiste y sigue esperando a despecho de la oscuridad, sino que constituye una promesa de validez de esa esperanza. Se trata de una cosa con la que mañana puede demostrar que ayer perduró. Sabe, porque su propio ayer le muestra hoy que sí resistió, que fue capaz de esperar, de creer que se puede mejorar la condición del género humano, sabe que puede tener la seguridad de que cuando él ya no esté, alguien leerá lo que ha hecho y verá que el hombre de ayer era capaz de creer y de esperar que la condición humana pudiera cambiar; y la condición humana sí cambia. Hay males de ayer que ya no existen hoy; los males de hoy los hará desaparecer el progreso de mañana; las mujeres disfrutarán en este país de más libertad de la que han tenido nunca. Llegará un tiempo en que la gente de más edad, la que lleva al mundo a la guerra, no será ya capaz de organizar más guerras para que mueran los jóvenes. Todo eso llegará, tomará su tiempo, hará falta paciencia, y hará falta que la gente tenga la capacidad de creer que se puede mejorar la condición del ser humano, no como si recibiera un regalo, sino fruto de sus propios esfuerzos. Porque puede conseguirlo.

William Faulkner
«Entrevistas en Japón (1955)»
León en el jardín
Traducción: Antonio Iriarte
Editorial: Reino de Redonda

Foto: William Faulkner