Simpatizaré con el autor por principio, Malcolm Lowry

Malcolm Lowry

Apreciado señor Barzun:
Ha escrito usted, a mi entender, una crítica tan tremendamente injusta de mi libro Bajo el volcán que creo que se me perdonará que devuelva el palo.
Admito que mi libro ha sido alabado hasta el punto de que una crítica negativa parece deseable, y admito que la crítica que ha escrito usted puede acabar beneficiándome, pero el hecho es que escuece como no lo haría no siquiera una crítica más dura si fuere justa, y creo que esto no sólo es poco limpio, sino que además debilita toda su argumentación; la gente, simplemente, no querrá escuchar sus verdades, por muy necesarias que sean, si se dedica usted a hacer este tipo de críticas demasiado a menudo.
“Ajá”, parece que le oigo decir, “yo puedo despedazar ese condenado libro fácilmente, puedo oler las fuentes de las que bebe a una milla de distancia; en realidad, sólo necesito abrir el libro al azar para encontrar precisamente lo que quiero, el alimento adecuado para mi artículo…” No tengo la impresión de que haya hecho usted el más mínimo esfuerzo para captar su forma y su intención. Lo que sí ha conseguido, y con éxito, es herir a un tipo que siente que tiene con usted una afinidad espiritual.
Tampoco creo que hubiera ninguna necesidad de ser tan insultante sobre el conjunto. Tiene usted derecho a decir “grosero y ficticio”, y también puede decir, si lo desea (aunque no sea cierto en este caso concreto, y aunque no haya en realidad evidencia irrefutable de lo primero), que estoy “del lado del buen comportamiento y ansioso de disgustar al lector con vicios tropicales”. Pero cuando usted dice: “Esto lo demuestra mediante una larga regurgitación de los materiales encontrados en Ulises o en Fiesta”, ¿no está usted pasándose de la raya al tratar de mostrar su desprecio? Porque, mientras pocos escritores modernos, incluyéndome a mí mismo, pueden haber escapado totalmente a la influencia, directa o indirecta, de Joyce y de Hemingway, los “materiales”, en el sentido en que usted emplea la palabra, no pueden encontrarse en ninguno de esos libros. “Y mientras imita los trucos de Joyce, Dos Passos y Sterne, lo que consigue es el corazón y la mente de Sir Phillip Gibbs.” ¿A qué trucos se refiere usted exactamente? Es natural que un escritor joven trate de beneficiarse de lo que ha leído, y lo utilice en su trabajo, y como resultado de esto, sobre todo en lo que se refiere a la técnica, lo que Van Gogh llama “líneas maestras del dibujo” resulta de cuando en cuando inevitable. Pero siempre que encontré a otro escritor en el proceso de escritura –el escritor al que se está leyendo en ese momento, como lo señala Richards, es casi siempre el culpable–, hice todo lo posible por anularlo. Naturalmente a veces hay retazos y fragmentos que permanecen; también permanecen en el estilo de usted. Pero, por lo que sé, yo no he imitado ninguno de los trucos de los escritores que usted menciona, uno de los cuales, por lo menos, en cierta ocasión reconoció mi originalidad. De hecho –y para vergüenza mía– nunca leí el Ulises de cabo a rabo, de Dos Passos sólo he leído Tres soldados y nunca he sido capaz de leer más de una página de Tristam Shandy. (Esto, naturalmente, no demuestra que no me hayan influido de un modo indirecto, pero ¿qué me dice de lo que he inventado yo mismo?) Me gustó Fiesta cuando lo leí hace doce años, pero no he vuelto a leerlo desde entonces y no creo que me haya influido de un modo particular. En lo que al Volcán se refiere, sus influencias son otras, y creo que en su mayor parte han sido asimiladas. En los casos en que no han sido asimiladas, puede achacarlo usted a mi inmadurez: empecé el libro en 1936, cuando tenía veintisiete años, y sin duda, a pesar de que lo he reescrito muchas veces, conserva cierta impronta de este hecho. En cuanto a Sir Phillip Gibbs, ¿no está usted mostrándose gratuitamente cruel? Si usted leyese de verdad el libro, quizá vería que en si mayor parte fue escrito con la intención de que fuese divertido. Y lo es; se trata, por así decirlo, de una sátira sobre mí mismo. Me atrevo a decir que, después de una segunda lectura seria, tampoco usted lo encontraría aburrido.
Después de Sir Phillip Gibbs, casi puedo perdonarle por yuxtaponer al azar dos pasajes no muy buenos de los capítulos 3 y 9 como si fuesen contiguos y como ejemplo de mal estilo. Pero incluso si estos pasajes no están conseguidos, ¿qué decir de la justicia de ese tipo de crítica? Me gustaría saber lo que haría usted con el desgraciado estudiante que se comportara del mismo modo con usted.
Supongo que la intención del párrafo final es la de aplastarle a uno completamente: “El señor Lowry, en otros fragmentos, ha tomado prestado elementos de otros estilos en boga: Henry James, Thomas Wolfe, monólogo interior, los surrealistas. Su novela sólo puede ser recomendada como una antología que se mantiene unida por su seriedad”.
Sea cual fuere la motivación principal que le llevó usted a escribir esto –una motivación que, por cierto, me parece sana en extremo–, ¿no tiene la sensación de haber oído antes estas palabras o algo muy parecido? Yo sí que las he oído. Me parece reconocer la voz, ligeramente disfrazada que saludó al mismo Wolfe, por no decir a Faulkner, a Melville y a James… Una voz inmortal, sin duda, que en cierta ocasión se dirigió a Keats en los mismos términos en que informó a Whitman de que sabía menos de poesía que un puerco de matemáticas.
Pero, sea como fuere, es la expresión “estilo en boga”, la que hiere. Habiendo vivido lejos de la civilización durante casi una década, sin posibilidad de comprar ni siquiera revistas norteamericanas inteligentes (estaban todas prohibidas aquí, por si usted no lo sabía, hasta época muy reciente) y completamente aislado, no tuve medio de saber qué estilos estaban en boga, ni cuáles no lo estaban, y no me importó demasiado. Los cuadernos de notas de Henry James ciertamente trato de tenerlos siempre presentes, y en cuanto al monólogo interior (si usted está interesado en las fuentes), sin duda William [James] se sentiría complacido. Y me alegro de que por lo menos sea la seriedad la que mantiene unida la antología. No obstante me reservo el derecho a reírme (y espero que usted lo haga conmigo) si dentro de unos diez años la Voz se hace oír de nuevo desacreditando algún esfuerzo serio del momento, con el argumento de que su autor está simplemente regurgitando los materiales que se encuentran en Lowry. Me reservo el derecho a reírme, pero, incluso si eso es verdad, simpatizaré con el autor por principio. […]

Malcolm Lowry
Carta a Jacques Barzun
Dollarton, B.C., Canada
6 de mayo de 1947

Imagen: Malcolm Lowry en Curaçao, 1947

***

“Je ne sais pas très bien, mais il me semble que depuis certain temps déjà, depuis les Surréalistes en fait, on s’achemine vers un art qu’on pourrait dire “citationnel”, et qui permet un certain progrès puisqu’on prend comme point de départ ce qui était un aboutissement chez ses prédécesseurs […]. Le collage, pour moi, c’est comme un schème, une promesse et une condition de la découverte”.

Georges Perec

8 comentarios
  1. Por lo que he indagado, Burzon era un crítico y erudito (del que pronto no quedará ni el recuerdo de su nombre) y, por lo que aquí he leído, incapaz de apreciar una verdadera obra de arte, como les sucede a muchos críticos y eruditos.

  2. ¡Vaya, se me ha escapado el comentario a medio escribir! Sigo: “Bajo el volcán” es una obra con magia, como, quizá con otra intensidad, lo son “El castillo” y “La Divina Comedia”, pero los hay que están negados para recibir la magia del arte. Por muchos libros que escriban.

    • Hay críticos y críticos. Algunos tienen sitio en esta calle. Sin embargo creo que los escritores son los mejores críticos, porque les va la vida. La mejor crítica de una obra de arte es otra obra de arte.

  3. Que puedo más que decir, que este Lowry, no debiera quejarse tanto, el tipo que lo critica, hasta es posible que haya comprado el libro.

    Lo compró y lo leyó.

    ¿Qué más puede pretender un escritor?, que hacerle perder tiempo a alguien y encima sacarle su plata.

    Cualquier otra cosa que pueda pretender, la iglesia lo considera pecado.

    Lo mío es mucho peor, nunca logré vender un solo libro de mi famosa obra, ¨La espada de Dios¨, ni siquiera recibí una crítica, y hasta dudo que alguien lo hubiera siquiera hojeado.

    Cualquiera de estas cosas basta para acabar con la autoestima de cualquiera.

    Lowry, debiste sentirte agradecido con la vida ; El tal Barzun se tomó su trabajo para denigrarte, hasta ladrón te dijo.

    Se lo que te digo, el silencio y el olvido son mucho peores.

    Te cuento que a veces me miro al espejo y pregunto, –¿Este tipo quien es?–, Y jamás una voz me contesta, –El que escribió ¨La espada de Dios¨.

    Lowry, después de la acertada crítica de Barzun, no pienso leer tu libro.

    Rubén Ardosain

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