Escribir. Intento una explicación: escribir es el último recurso cuando se ha traicionado. Muy pronto, desde los catorce o quince años, que sólo podía ser vagabundo o ladrón, un mal ladrón, claro, pero al fin ladrón. Mi único éxito en el mundo social era, o podía ser, de esta clase, inspector de ómnibus o ayudante de carnicero o algo así, y como este tipo de éxito me horrorizaba, creo que desde muy joven me dejé llevar hacia emociones que sólo podían desembocar en la literatura. Si escribir quiere decir experimentar emociones o sentimientos tan fuertes que toda la vida queda dibujada por ellos, si son tan fuertes que sólo su descripción, su evocación o su análisis puede realmente dar cuenta de ellos, entonces sí, fue en Mettray (el reformatorio), que empecé a escribir. Escribir, quizás lo único que queda cuando nos han expulsado del dominio de la palabra dada.
Jean Genet
Diario de un ladrón
Traducción: Ida Vitale
Jaque, Montevideo, 30 de abril de 1986
Foto: Jean Genet