Épocas enteras no hallaron correspondencia literaria, Julien Gracq

Julien Gracq

En cada época, la literatura oculta algo fundamental de los hombres. Pero eso que esconde no está en relación más que de forma muy inadvertida con los tabúes comúnmente aceptados en esa época, y no sería exacto decir que anuncia los de la siguiente.

Épocas enteras —y no de las de menor importancia— cuyo tono vital no halló correspondencia literaria: la Revolución y el Primer Imperio sobre todo. En cambio, están los períodos en que la pantalla literaria parece volverse por un momento milagrosamente transparente de parte a parte, como si a través de ella un fragmento del siglo respirase aún con ingenuidad ante nuestras miradas: el siglo XVIII francés; la época isabelina; la Alemania del Romanticismo; la Restauración. Ni el “genio”, repartido con mayor generosidad en esas épocas, ni una inclinación más marcada por lo “natural”, como podría pensarse de entrada, rinden cuentas de semejantes desviaciones: espontánea, libre, desenfrenada como la que más, la literatura del siglo XVI nos oculta misteriosamente la Francia de las guerras de religión. Mientras que, por el contrario, la literatura francesa de entre 1930 y 1960 es posible que parezca vista a distancia, con el paso del tiempo, curiosamente colmada de una guerra de religión que no llegó a estallar.

Julien Gracq
Capitulares
Edición: Días Contados
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia

Foto: Julien Gracq