La relectura salva al texto de la repetición, Rolland Barthes

Rolland Barthes

Hay que aceptar también una última libertad: la de leer el texto como si ya hubiese sido leído. Aquellos que gustan de las bellas historias podrán ciertamente comenzar por el final y leer primero el texto tutor que se ofrece en anexo en su pureza y su continuidad, tal como ha salido de la edición, es decir, tal como se lee habitualmente. Pero nosotros, que tratamos de establecer un plural, no podemos detener ese plural en las puertas de la lectura: es necesario que la lectura sea también plural, es decir, sin orden de entrada: la “primera” versión de una lectura debe también poder ser su versión última, como si el texto fuese reconstituido para acabar en su artificio de continuidad, estando entonces el significante provisto de una figura suplementaria: el desplazamiento. La relectura, operación opuesta a los hábitos comerciales e ideológicos de nuestra sociedad que recomienda “tirar” la historia una vez consumida (“devorada”) para que se pueda pasar a otra historia, comprar otro libro, y que sólo es tolerada en ciertas categorías marginales de lectores (los niños, los viejos y los profesores), la relectura es propuesta aquí de entrada, pues sólo ella salva al texto de la repetición (los que olvidan releer se obligan a leer en todas partes la misma historia), lo multiplica en su diversidad y en su plural: lo saca de la cronología interna (“esto pasa antes o después que aquello”) y encuentra de nuevo un tiempo mítico (sin antes ni después); cuestiona la pretensión que intenta hacernos creer que la primera lectura es una lectura primera, ingenua, fonemática, que luego sólo habría que “explicar”, que intelectualizar (como si hubiese un comienzo de la lectura, como si todo no hubiese sido ya leído: no hay una primera lectura, aunque el texto se esfuerce por crear en nosotros esa ilusión mediante algunos operadores de suspensión, artificios espectaculares más que persuasivos); no es ya consumo, sino juego (ese juego que es el retorno de lo diferente). Por lo tanto si -contradicción voluntaria en los términos- se relee inmediatamente el texto, es para obtener, como bajo el efecto de una droga (la del recomienzo, la de la diferencia), no el texto “verdadero”, sino el texto plural: el mismo pero nuevo.

Rolland Barthes
¿Cuántas lecturas?
S/Z

***

A propósito, utilizo la palabra lector en un sentido muy amplio. Aunque parezca extraño, los libros no se deben leer: se deben releer. Un buen lector, un lector de primera, un lector activo y creador, es un «relector». Y os diré por qué. Cuando leemos un libro por primera vez, la operación de mover laboriosamente los ojos de izquierda a derecha, línea tras línea, página tras página, actividad que supone un complicado trabajo físico con el libro, el proceso mismo de averiguar en el espacio y en el tiempo de qué trata, todo esto se interpone entre nosotros y la apreciación artística.

Vladimir Nabokov
Cursos de literatura europea

Imagen:  Jacques Haillet
Rolland Barthes , École Pratique des Hautes Études
París, 1973

 

10 comentarios
  1. carlos dijo:

    Me clasifico entre los relectores. Los que navegan a la búsqueda de los detalles. Cosa de la edad como bien dices. Un saludo.

    • “Y, de pronto, me asalta, atenazante y sombría, la duda que fuera motivo para uno de los más bellos poemas de Borges y que, dicha en llana y desteñida prosa, vendría a preguntar: ¿cuántos libros amados se quedarán ya sin ser releídos? ¿Cuánta felicidad y cuánta mina de ensueño y aventura se han clausurado para siempre, sin que nosotros sepamos?” – Álvaro Mutis. Muchas gracias Carlos por tu comentario. Un saludo.

  2. ¡Maravilloso el post! Gracias. Barthes, cincuenta años después, abrazándonos y dándonos un consejo sabio, preciso. Lo asumo como consigna: “se relee inmediatamente el texto, es para obtener, como bajo el efecto de una droga (la del recomienzo, la de la diferencia), no el texto “verdadero”, sino el texto plural: el mismo pero nuevo”.

    • Muchas gracias Carlos por tu comentario y por visitar esta calle. Barthes, maestro de lectura.

  3. Mariano dijo:

    Qué gran acierto estas palabras. Me pasa mucho no ya con un texto solo, sino por ejemplo con un libro de cuentos. Me agrada leer los cuentos sin seguir el orden de edición: sin puerta de inicio, sin puerta de salida.
    De algún modo así siento que el libro se vuelve como un símbolo infinito, un disfrute sin término ni caducidad.

    • Deberíamos seguir todos el ejemplo de los niños, los viejos y los profesores. Cuanto más bueno es un libro, más tiende hacia la infinidad de relecturas. Gracias Mariano por tu comentario. Saludos.

  4. Respondernos a la pregunta ¿qué libros nos apetece releer? allanaría mucho la crítica literaria y, seguramente, la haría más certera.

    • Sí, es un criterio sencillo pero certero. Gracias por la visita a esta calle. Un abrazo.

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