Detesto los libros de memorias, Roberto Bolaño

Roberto Bolaño

La relación entre autobiografía y literatura me parece casual: hay escritores que llevaron vidas de aventureros y otros que no salieron nunca de sus aldeas o de sus casas, o más concretamente de sus castillos, y cada escritor escribe como buenamente puede y lo dejan. Salgari, por ejemplo, construyó Asia, y no sólo Malasia, a imagen y semejanza de su deseo, y no salió nunca de Turín o Milán, ya no me acuerdo. Raymond Russell, por su parte, viajó por todo el mundo, pero sus viajes fueron un simple “pretexto de movilidad”, pues no le interesaba absolutamente nada de aquellos lugares que visitó. Balzac era monárquico y sus obras son profundamente republicanas: he ahí un viaje alucinante. Stendhal tuvo una vida de novela, pero está escasamente reflejada en sus obras, en donde está interesado por otras vidas de novelas, mas no por la suya. En Latinoamérica, creo yo que el escritor más autobiográfico de todos es, contra lo que la gente suele creer, Borges. En fin, da lo mismo si los fantasmas salen de la realidad o de la cabeza. Lo que importa es la biblioteca. Por otra parte, detesto, con algunas excepciones, como la de Saint-Simon o los recuerdos infantiles de Perec, los libros de memorias. Los libros de memorias suelen ser grandilocuentes, a veces desde el título mismo; piense, si no, en Confieso que he vivido, un título estúpido donde los haya, pues nadie, ni el torturador más necio, tratará de hacer confesar a alguien que ha vivido. Una respuesta tonta para una pregunta inexistente. Las letras hispanoamericanas, o aquello que con autosuficiencia de imbéciles llamamos letras hispanoamericanas, están llenas de libros de memorias, escritos, en su mayoría, por gente bien ignorante o bien aburrida. En realidad, los únicos a los que se les debería permitir escribir libros de memorias es a los aventureros sangrientos, a las actrices de cine porno, a los grandes detectives, a los traficantes de drogas, a los mendigos.

Roberto Bolaño
Entrevista en el diario El Mercurio
Santiago de Chile, 18 de abril de 2003

Foto: Roberto Bolaño en su mesa de trabajo

Previamente en Calle del Orco:
El holandés que quiso escribir una novela de galeses de la Patagonia