Montaigne trabajaba a la sombra del mundo, Stefan Zweig

Casa de Stefan Zweig en Petrópolis - Brasil

La lucha de Montaigne por conservar la libertad interior, quizá la lucha más consciente y tenaz  que jamás ha librado el hombre, no tiene, ni externamente, la más pequeña sombra de tragedia o de heroísmo. Sería artificioso encasillar a Montaigne entre los poetas y los pensadores que han luchado con la palabra por “la libertad de la humanidad”. No posee la elocuente diatriba ni el bello empuje de un Schiller o un lord Byron, ni la agresividad de un Voltaire. Montaigne habría sonreído ante la idea de pretender transferir a otros, y menos a las masas, algo tan personal como la libertad interior, y desde lo más profundo de su alma odiaba a los reformadores profesionales del mundo, a los teóricos y expendedores de ideologías. De sobra sabía que ya es una tarea colosal por sí sola conservar la propia independencia interior. De modo que restringe su lucha exclusivamente a la acción defensiva, a la defensa de aquel fortín más recóndito al que Goethe llama la “ciudadela” y el acceso a la cual nadie permite a nadie. Su técnica y su táctica consisten en mantenerse exteriormente lo más discreto y lo menos llamativo posible, en ir por el mundo con una especie de caperuza para encontrar el camino hacia sí mismo.
En realidad, pues, Montaigne no tiene lo que solemos llamar una biografía. Nunca causó extrañeza o sorpresa a nadie, porque no se daba importancia en la vida ni solicitaba auditorio ni aplausos para sus ideas. Por fuera parecía un burgués, un funcionario, un noble, un católico, un hombre que cumplía con sus obligaciones sin llamar la atención; para el mundo exterior adoptaba el mimetismo de la discreción, para así poder desplegar y observar en su interior el juego de colores de su alma con sus matices. Siempre estaba dispuesto a prestarse, nunca a darse. En cualquier circunstancia de la vida se reservaba lo mejor de su ser, lo más propio. Dejaba a los otros hablar, agruparse en cuadrillas, encolerizarse, predicar y fanfarronear; dejaba que el mundo siguiera sus caminos insensatos y enmarañados y sólo se preocupaba de una cosa: ser juicioso él mismo, humano en una época de inhumanidad, libre en medio de una locura colectiva. Dejaba que cualquiera se burlara de él, que lo llamara insensible, indeciso y cobarde, que los demás se asombraran de que él no se abriese paso para obtener cargos y dignidades; incluso los más allegados, los que lo conocían, ignoraban con qué constancia, tenacidad, cordura y ductibilidad trabajaba a la sombra del mundo en la única tarea que él mismo se había impuesto: en vez de vivir una simple vida, vivir la suya propia.

Stefan Zweig
Montaigne

Foto: Casa de Stefan y Lotte Zweig en Petrópolis, Brasil.

Previamente en Calle del Orco:
La libertad en el Quijote, Sergio Pitol

 

8 comentarios
  1. mems83 dijo:

    ¿Queda algún Zweig por ahí? Lo dudo. Representa la CULTURA de una Europa ya desaparecida, sin inteligencia
    artificial, donde había tiempo para leer y pensar y un mundo lleno de paisajes escondidos y exóticos, que llenaba
    a los escritores de sugerencias.
    Ahora todos tienen ese mundo a su alcance con un click. Pero carecen del contacto directo, de los lentos viajes
    en trenes y barcos, que abarrotaban la mente de ideas.
    Judío sutil, pero sobre todo con otra cualidad olvidada ahora, cuando no despreciada : La moralidad, que induce
    a un compromiso extremo para el escritor: No engañar a sus lectores.
    Tiempo atrás a veces efectuaba yo una performance recitando el argumento de su Carta de una desconocida,
    y siempre me tropecé con miradas extasiadas y sorprendidas, almas plenas de sentires por el padecimiento de
    esa joven enamorada de su ídolo con un final trágico. Y también me conmoví con el ingenio del jugador
    encarcelado de ajedrez donde magistralmente adivina que al cerebro humano nada ni nadie le puede
    esclavizar. Solo la muerte aniquila la mente del sabio.
    Esa muerte que eligió ese hombre generoso, horrorizado ante la matanza de su raza, exiliado en
    un Brasil cálido y salvaje, dándose cuenta de que su existencia dejaba de ser lógica ante
    el espanto inesperado del holocausto. No, ya no queda ningún Zweig por aquí.
    PD Curiosamente el escritor mas inteligente español, Vila-matas, coincide con él en su predilección por uno de sus escritores favoritos. Montaigne. Pero al contemporáneo le falta algo que le sobraba a Zweig: Humildad..

    • Artemisa dijo:

      Stefan Zweig es mi escritor favorito de biografías.
      Y junto a Stuart Mill suelo regalar a quienes conozco desde comienzos del siglo tanto fe uno como de otro.
      En ello incluyo a Eurípides y su Las mujeres troyanas.
      No puedo citar todo lo que me ha impactado en mis lecturas y a una muy temprana edad y no precisamente porque debía cumplir un programa de estudios.
      Leer por cumplir. Como hacer cualquier otra cosa por cumplir, es igual que esperar sentada a la puerta de la casa para ver pasar el cadáver del enemigo.
      Una soberana pérdida de la única vida que se tiene.
      Tengo una contestación pendiente y espero hacerlo mañana. La hice ayer y me saltó al darle a publicar. Cosas que pasan….
      Y mientras sigo disfrutando de la vida.
      Un saludo mems83.
      Artemisa

  2. mems83 dijo:

    La única vida que tienes se pierde lo mismo, hagas lo que hagas, cuando llega el momento final.
    Pero hasta entonces hay dos formas de vivirla: Rebelándote contra la estupidez general que nos
    lleva a situaciones caóticas o destructivas, o aceptando los condicionantes para llenar la panza
    y disfrutar de prebendas.
    Pocos escritores eligen la segunda alternativa.Pero así como hay muchos mundos pero todos están
    en éste (Eluard) hay muchas vidas, pero las interesantes las disfrutan quienes eligen el riesgo.
    Saludos musa.

    • Artemisa dijo:

      Primero he de decir que no pierdo la vida, la vivo, según mi concepto de ella desde niña.
      Y tengo que manifestar que no fui una niña a la que trajeran y llevasen. Así que no he tenido que rebelarme porque siempre tuve conciencia de mi misma.
      Y por no extenderme mucho diré que mi caminar por esta nuestra errante Tierra ha sido magnífica. Y que el resto de la humanidad no ha sido obstáculo en ella.
      Lo mejor es aquello que Aldous Huxley opinaba: que había que conservar el espíritu del niño hasta la vejez, que quiere decir nunca perder el entusiasmo.
      Algo ciertamente he omitido, pero esa es su esencia.
      Y tal vez algún día nos encontremos en algún pliegue de nuestras vidas, pero pienso que no encajaremos. Es mi relativa y subjetiva opinión.
      Un saludo

  3. mems83 dijo:

    Al decir escritores que desprecian lo conveniente me refiero a los de raza, quienes no
    aceptan componendas. Escritores y escritoras claro.
    Los y las demás no son escritores. Amanuenses y gracias.

  4. mems83 dijo:

    SEXTETO DEL ESCRITOR TREPA

    Intenta ir vestido de escritor, desaliñado y demodé. Lleva siempre un libro que no has
    leído bajo el brazo de un autor de moda. No sobra la barba.

    Asiste a eventos literarios sonriendo a las mujeres gordas que se abalanzan sobre
    los canapés. Tu debes permanecer alejado de esos manjares aunque no hayas
    comido. Si te preguntan tu opinión sobre la tertulia sonríe misterioso.

    Búscate una agente literaria (los tíos no se porqué funcionan menos) y si es
    poderosa halágala y sedúcela. Si es necesario irte con ella al Perú como
    hizo Vargas Llosa con la Balcells, no lo dudes.

    En tu relación con los editores intenta cordialidad y afecto. Son seres duros
    preocupados siempre por la salud económica del negocio, poco propicios
    a exponer su dinero en novelas arriesgadas. Una primera obra para ellos
    es una maldición escondida que puede arruinarles. Importantísimo:No
    hables nunca de la calidad de tu novela sino de lo que puede vender.

    Nunca digas algo malo de un colega aunque haya redactado un libro pasmosamente
    estúpido. Deberás seguir el concierto de halagos y bombos mutuos si quieres
    comerte un rosco., De lo contrario, el veneno y la mala leche abundantes
    en la fauna escritora te hundirá para siempre aunque hayas escrito El Quijote.

    Si con todo ello no publicas es que eres irremediablemente estúpido y deberás
    dedicarte a otros proyectos como la pesca de la anchoa.. Cualquiera puede crear una bobada,
    aunque muy pocos pueden engañar a millones, como hizo Warhol.

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