La frase de García Márquez, Derek Walcott

Derek Walcott

Una frase de García Márquez funciona en dos niveles: el nivel del narrador, que en una mitad, o incluso un tercio de la frase asumirá el papel omnisciente del narrador minucioso de Flaubert, luego la frase se desliza, desde la presencia de una voz, no la del narrador, sino la de un entusiasmado testigo que imagina una acción en el idioma corriente, la cual se lee, de entrada como una exageración. Al principio García Márquez me enfurecía, pero luego mudé de oído, y aprendí a acomodar otras voces, a menudo simultáneas, dentro de una frase. En un caso alguien es herido y la sangre cruza la calle y entra en una tienda o en una casa; esta metáfora exasperó mi realismo lógico, que es la naturaleza del idioma inglés; éste argumentaba que la sangre no cruza la calle, ni se arrastra ni entra en una casa. No obstante, yo al principio no comprendía el punto extremo de la exageración que sirve para componer un suceso, una frase, no surreal sino real en el sentido de que así es como la gente narra los acontecimientos, sin cambiar los sustantivos, donde la acción es sustituida por la sangre, y ésta se convierte en el relato de un testigo tranquilo o entusiasmado, en un tiempo verbal, pues dos tiempos se juntan: el pasado de lo que ocurrió en un relato fáctico que solía ser la voz del narrador, y el tiempo presente que prosigue el contexto del suceso, el contenido íntegro con sus dos voces; así, la primera mitad de la frase es la ficción oficial, y la segunda, la parte al parecer exagerada, es la ficción oral o tribal, cuya entonación, en la novela o el relato corto, es el rumor.

Toda obra imaginaria se funda en el rumor, en sucesos que el novelista, o el narrador de relatos cortos, confirma. Comprendo esto ahora porque he prestado oídos a la segunda voz, eso que sobrepasó la barrera o el meridiano de la frase, su censura oculta; entonces escuché el sonido del colombiano, de manera que la voz tribal de Macondo pasó a ser asimismo la de cualquiera de los pueblos costeros de mi propia isla; y así nada me pareció más natural y, también más ineludible, que la prosa de García Márquez.

Derek Walcott
Un caballero que no se acalora
Conferencia magistral de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar
en Guadalajara el 9 de marzo de 2000.

Traducción de José Luis Rivas

Foto de Derek Walcott 

Fuente: Aurelio Asiain

12 comentarios
  1. Maia L.B. dijo:

    A García Márquez me acerque hace ya muchos años. Lamentablemente, no tengo lo que se dice una memoria prodigiosa y es común que luego de leer un libro olvide detalles y recuerde sólo el sentimiento que me acompañó al leer la obra. Con los libros de Márquez lo que me quedó han sido imagenes, fotografías que colindan con lo onírico y lo mítico, la sensación de que la realidad y la fantasía pueden convivir (y conviven) a la perfección en un mundo que es maravilloso más allá de la sangre que corre. Otra cosa que recuerdo de los libros de Gabo es la sensación de que todo está interconectado, de que los actos de unos influyen sobre los otros (a veces cien años más tarde) y de la fuerza del amor, más allá de todo. Sus textos son ríos que fluyen en una corriente imparable de palabras armónicas, simples e inustiadas que nos acunan en un placer cósmico.
    Un saludo cálido para ti.

    • Me identifico con lo que dices. García Márquez lleva el ritmo del idioma hablado a una armonía incomparable, pero que no aburre -tan literario y a la vez tan cercano-, un uso magistral de las esdrújulas, un mundo impoluto como lo son los sueños. ¿Quién nunca ha soñado en visitar Macondo? De Márquez me quedo con “Crónica de una muerte anunciada”, la mejor novela policíaca que he leído.
      Gracias Maia por el excelente comentario. Un abrazo.

      • Maia L.B. dijo:

        A mí también me encantó ese libro, un ritmo incomparable. Pero mi corazón enamorado se queda con El Amor en los tiempos del Cólera. Gracias a ti por tener uno de los mejores blogs de la blogósfera. Un placer pasar por aquí siempre. Abrazo.

    • El análisis es genial. Gracias por dejarte caer por aquí. ¡Saludos!

  2. Muy interesante, es cierto que con García Márquez lo relatado nunca transcurre en un tiempo, sino en todos. enhorabuena por tu blog, me gusta 🙂

    • “- Yo sería un autor distinto del que soy si a los veinte años no hubiese leído esta frase de La señora Dalloway: “Pero no había duda que dentro (del coche) se sentaba algo grande: grandeza que pasaba, escondida, al alcance de las manos vulgares que por primera y última vez se encontraban cerca de la majestad de Inglaterra, el perdurable símbolo del Estado que los acuciosos arqueólogos habían de identificar en las excavaciones de las ruinas del tiempo, cuando Londres no fuera más que un camino cubierto de hierbas, y cuando las gentes que andaban por sus calles en aquella mañana de miércoles fueran apenas un montón de huesos con algunos anillos matrimoniales, revueltos de polvo y con las emplomaduras de innumerables dientes cariados.” Recuerdo haber leído esta frase mientras espantaba mosquitos y deliraba de calor en un cuartucho de hotel, por la época en que vendía enciclopedias y libros de medicina en la Goajira colombiana.
      – ¿Por qué tuvo tanto efecto sobre ti?
      – Porque transformó por completo mi sentido del tiempo. Quizá me permitió vislumbrar un instante todo el proceso de descomposición de Macondo, y su destino final.” [Entrevista a García Márquez]
      https://calledelorco.com/2013/01/27/yo-seria-un-autor-distinto-del-que-soy-gabriel-garcia-marquez/

      Gracias por visitar esta calle. ¡Saludos!

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