El poder de lo fútil, Milan Kundera

André Kertész Crepúsculo

En 1879, para la segunda edición de La educación sentimental, Flaubert hizo cambios en la disposición de los puntos y aparte: nunca dividió uno en varios, pero con frecuencia los unió en párrafos más largos. Me parece percibir en ello su profunda intención estética: desteatralizar la novela; desdramatizarla (“desbalzacar”); incluir una acción, un gesto, una réplica, en un conjunto más amplio; disolverlos en el agua corriente de lo cotidiano.
Lo cotidiano. No sólo es aburrimiento, futilidad, repetición, mediocridad; también es belleza; por ejemplo, el sortilegio de las atmósferas; cada cual lo conoce a partir de su propia vida: una música que proviene del apartamento de al lado y se oye a lo lejos; el viento que hace vibrar la ventana; la voz monótona de un profesor al que una alumna con mal de amores oye sin escuchar; estas circunstancias fútiles imprimen una impronta de inimitable singularidad a un acontecimiento íntimo que, así, queda fechado y pasa a ser inolvidable.
Pero Flaubert ha ido aún más lejos en su examen de la trivialidad cotidiana. Son las once de la mañana y Emma acude a su cita en la catedral; sin decir palabra, entrega a León, su amante hasta entonces platónico, la carta en la que le anuncia que ya no quiere esos encuentros. Luego se aleja, se arrodilla y se pone a rezar; cuando se levanta, aparece un guía que les propone visitar la iglesia. Para sabotear la cita, Emma acepta, y la pareja se ve forzada a detenerse ante cuadros y figuras de santos de piedra, a alzar la cabeza hacia un fresco en el techo y a escuchar las explicaciones del guía, que Flaubert reproduce en toda su estupidez y extensión. Furioso, sin aguantarlo más, León interrumpe la visita, arrastra a Emma hasta el pórtico, llama a un carruaje y empieza la célebre escena de la que no vemos ni oímos nada, salvo, de tanto en tanto, una voz de hombre en el interior del carruaje que ordena al cochero que tome cada vez una dirección distinta para que siga el viaje y para que la sesión amorosa no acabe nunca.
Una absoluta trivialidad como la puñetera intervención del guía y su obstinada palabrería ha dado lugar a una de las más famosas escenas eróticas. En el teatro, una gran acción sólo puede nacer de otra gran acción. Sólo la novela supo descubrir el inmenso y misterioso poder de lo fútil.

Milan Kundera
El Telón. Ensayo en siete partes.

Foto: André Kertész
Crepúsculo, 1937

7 comentarios
  1. jimarino dijo:

    Asombrosa cada entrada, maravillosos los textos que escoges, los autores elegidos, lo que se cuenta. Un gozo de blog, aún a pesar del poco tiempo que tengo, una gozada recibir tus post de vez en cuando.

    Un abrazo.

    • No sabes cómo me alegra leer este comentario, viniendo del autor de Los perros de la lluvia. También tuve la sensación al recorrer tus entradas que nos gustaban los mismos autores, que teníamos algo en común. Muchas gracias.

      Un abrazo

  2. Kundera olvidó el detalle que a mí me parece esencial en la escena del carruaje: una mano femenina que sale por la ventana y arroja al aire pedacitos de papel. Es la carta en que Emma le decía a León que no. Y que echada al aire —la carta siempre llega a su destino,como nos decía Lacan acerca de la carta robada…— llegará a su único recipiendario posible: Dios. Con ése, la cita estará perennemente rota. Me encantó la nota. Wao, Kundera hablando sobre Flaubert para copiarse esos “efectos de realidad”… yeah! 🙂

    • En este fragmento Kundera se centra en la futilidad de la escena del guía, no analiza la escena del carruaje. No obstante, gracias por tu aportación.

      • Por eso me fascina la omisión de la carta, porque Kundera da más importancia al guía que al acto afirmativo de Emma de abandonarse a una vida SIN guía… La carta y el guía se complementan como una especie de Ley del Padre, el distractor que prohíbe la sexualidad desenfrenada, como carruaje desbocado. Love it. Flaubert era genial.

  3. Qué bueno el texto de Kundera: es una de mis escenas favoritas de Madame Bovary y me entusiasma la sabiduría estilística de Flaubert.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: