Una infinita mezcla de intenciones, Franz Kafka

Los Hermanos Karamazov 1927

20 de diciembre. La objeción de Max contra Dostoyevski: que hace aparecer a demasiados enfermos mentales. Completamente incierto. No son enfermos mentales. La expresión de la enfermedad no es más que un medio de caracterización y, además, un medio muy tenue y fecundo. Se debe repetir, por ejemplo, a una persona con la mayor obstinación que es simple e idiota y, si porta en su interior un núcleo “a la Dostoyevski”, será incitada a un rendimiento superior. Sus caracterizaciones a este respeto poseen a menudo el significado de insultos entre amigos. Si ellos se llaman “tonto”, no quieren decir que el otro sea realmente tonto y así degradar su amistad, sino que la mayoría de las veces se trata, cuando no de una simple broma, aunque también en este caso, de una infinita mezcla de intenciones. Así, por ejemplo, el padre de los Karamazov no es ningún loco, sino un hombre muy listo, casi al mismo nivel de Iván, aunque malvado, pero en todo caso mucho más astuto que el primo, tan indiscutible para el narrador, o el sobrino, que se siente superior a él.

Franz Kafka
Diarios

Foto: Los Hermanos Karamazov
Jacques Copeau, Jean Croué
The Guild Theatre, 1927 

2 comentarios
  1. Pues no sé si Kafka, quien propuso tantos extraños personajes, como los protagonistas de América, El Castillo y El proceso (sin contar con el artista del hambre y el del trapecio, incluso el mensajero de La muralla china…), que a él le parecían extremadamente cómicos, sea buen juez de carácter de los personajes de Dostoyevski. Quizás los personajes del ruso se le parecen a los de él en la superficie del lenguaje, pero eso no quiere decir que las intenciones de él al hacer sus caracterizaciones se parezcan a las de Dostoyevsky. El humor negro que atestigua Brod en esas veladas en que Kafka le leía pasajes de sus escritos no está presente en la oscura atmósfera de subsuelo del ruso. De hecho, basta comparar una novela como El idiota con el pobre ingeniero K. en El castillo. El idiota de Dostoyevsky es un héroe trágico, para todo propósito, y K. es, francamente, un payaso, si admitimos que está vertebrado por el humor negro de Kafka. La clave de la crueldad de Kafka con sus personajes está en el pobre Gregorio Samsa: al principio el narrador muestra cierta compasión y hasta respeto por este extraño insecto, pero esa solidaridad se va perdiendo hasta que se va totalmente del lado de la familia que ha explotado al pobre viajante por años y años. Sea o no Gregorio una alegoría siniestra del hijo pródigo, pues, vaya, tiene una forma verdaderamente horrible de morir. Y esa muerte humillante no parece que sea equilavente a una broma entre amigos, como llamar, al pobre Gregorio, por ejemplo, “Cucaracha”. Muy interesante esta entrada, Calle del Orco. Me dieron ganas de decirle tonto al amigo Franz, o quizás, “Cucaracha”, pero, claro, en broma…

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