Acostado sobre el vientre aspiraba las palabras, Marcel Schwob

Ricerca della comodità in una poltrona scomoda, Bruno Munari

Leer en la cama es un placer de amparo intelectual acompañado de bienestar, aunque cambia de naturaleza con la edad.
Recuerden la página más interesante de la gruesa novela que devoraban después de acostarse por la noche, hacia los quince años, en el momento en que se nubla, se ensombrece, se borra, mientras la vela consumida crepita, palpita azulada en la palmatoria y se apaga. Yo me despertaba por la mañana antes de las cinco para sacar los asequibles libros de la Biblioteca Nacional de su escondite bajo mi almohada. Ahí leí las Palabras de un creyente de Lamennais y el Infierno de Dante. Nunca he releído a Lamennais, pero guardo la impresión de una terrible cena con siete personajes (si tengo buena memoria) en la que resonaba como un sonido de hierro fatal que más tarde he reconocido en un cuento de Poe. Ponía el librito sobre la almohada para recibir la paupérrima primera luz del día y, acostado sobre el vientre, el mentón sostenido por los codos, aspiraba las palabras. Nunca he releído más deliciosamente. No hace mucho intenté, una noche, retomar mi vieja posición de las cinco. Me pareció insoportable.
Una encantadora dama eslava se lamentaba un día delante de mí de no haber encontrado nunca la posición “ideal” para leer. Si uno se sienta a una mesa, no se siente en “comunión” con el libro; si uno se acerca, la cabeza entre las manos, parece ahogarse en una suerte de aflujo de sangre. En un sillón, el libro rápidamente se vuelve pesado. En la cama, sobre la espalda, uno coge frío en los brazos; a menudo la luz es mala; es molesto pasar las páginas y, de lado, la mitad del libro se escapa: no se trata de la verdadera posición.
Y, sin embargo, hay que tomar el partido. “Es malísimo para los ojos”, dicen las buenas gentes. Son las buenas gentes a las que no les gusta leer.
Solamente la edad disminuye el placer del acto reivindicado -en el que nunca se será descubierto-, y el de la seguridad de que todas las audacias de la fantasía pueden bailar a gusto. Quedan la mullida y tibia soledad, el silencio de la noche, la velada doradura que bajo la lámpara confiere a las ideas y a los lustrosos muebles la cercanía del sueño, la alegría confiada de tener consigo, junto al corazón, el libro que se ama. En cuanto a aquellos que leen en la cama “contra el insomnio”, los asemejo a medrosos que, admitidos en la mesa de los dioses, pedirían tomar el néctar en píldoras.

Marcel Schwob
Il libro della mia memoria, 1905

***

La quatrième de ces interrogations, enfin, concerne le romanesque, le goût des histoires et des péripéties, l’envie d’écrire des livres qui se dévorent à plat ventre sur son lit; La Vie mode d’emploi en est l’exemple type.
– Georges Perec

Couché à plat ventre sur le divan, vêtu d’un chandail marron et de culottes courtes et noires, chaussé d’espadrilles, un garçon de douze ans, Rémi, le fils des Plassaert, classe sa collection de buvards publicitaires […].

45-Plassaert,1/chambre/(Troyan)

La chambre est aujourd’hui occupée par un homme d’une trentaine d’années: il est sur son lit, entièrement nu, à plat ventre, au milieu de cinq poupées gonflables, couché de tout son long sur l’une d’entre elles, en enserrant deux autres dans ses bras, semblant éprouver sur ces simulacres instables un orgasme hors pair.

55-ch. de bonne,10/(Fresnel)

Au-dessus du lit est accroché un tableau signé D. Bidou: il représente une toute jeune fille, allongée à plat ventre dans une prairie, elle écosse des petits pois; à côté d’elle un petit chien, un briquet d’Artois aux longues oreilles et au museau allongé, est sagement assis, la langue pendante, le regard bon.

96-Dinteville,3/salle de bain

Sur la seconde, elle est vautrée dans l’herbe, à plat ventre, à côté d’une autre jeune femme; Olivia porte une robe à fleurs et un grand chapeau de paille de riz, sa compagne des bermudas et de grosses lunettes de soleil dont la monture évoque des reines-marguerites; au bas de la photographie sont tracés les mots Greetings from Appalachians surmontant la signature: Bea.

95-Rorschash,6/chambre

[…] la photographie, faite par nu professionnel médiocre, d’un bébé tout nu à plat ventre sur un coussin de nylon bleu ciel à pompons […].

94-escaliers,12

[…] au centre une femme d’un certain âge vêtue d’une robe à pois et coiffée d’un chapeau de gendarme en papier tricotait assise sur les galets; à côté d’elle, à plat ventre sur un tapis de fibres végétales, une petite fille avec un collier de coquillages mangeait des bananes séchées […].

70-Bartlebooth,2/salle

Anne Breidel est étendue à plat ventre devant la baignoire, sur un drap de bain vert. Elle est vêtue d’une chemise de nuit de linon blanc relevée jusqu’au milieu du dos; sur ses fesses striées de cellulite repose un coussin thermo-vibro-masseur électrique, d’un diamètre d’environ quarante centimètres, recouvert d’un tissu plastique rouge.

40-Beaumont,4/salle de bain

Contamos con una palabra para la libertad que se llama el clinamen, que es la variación que se hace pasar a una obligación… [Por ejemplo], en uno de los capítulos La vida instrucciones de uso, era necesario que fuera cuestión de linóleo, era preciso que en el suelo hubiera linóleo, y esto me molestaba, que hubiera linóleo. Así que he llamado a un personaje Lino – como Lino Ventura. Le he dado como nombre Lino y esto llenó para mí la casilla Linóleo. ¿El hecho de engañar con respecto a una regla? En esto yo sería completamente pretencioso: hay una frase de Paul Klee que amo enormemente: El genio es el error en el sistema.

Georges Perec (Conferencia pronunciada en la universidad de Copenhague el 29 de octubre de 1981, en Entretiens et conférences vol. II, ed. Joseph K., p 316)

71-Moreau,4/salle

Né en 1833 à Ulverston (Lancashire), James Sherwood s’exila très jeune et devint pharmacien à Boston. Au début des années soixante-dix, il inventa une recette de pâtes pectorales à base de gingembre. La renommée de ces bonbons pour la toux s’établit en moins de cinq ans; elle fut proclamée par un slogan devenu fameux, “Sherwoods’ put you un the mood” et illustrée par des vignettes hexagonales représentant un chevalier en armure pourfendant de sa lance le spectre de la grippe personnifié par un vieillard grincheux à plat ventre dans un paysage nappé de brume  […].

22-hall d’entrée,1

Un homme est couché à plat ventre sur le sommet de la chaudière qui alimente tout l’immeuble.

21-chaufferie,1

Georges Perec
La vie mode d’emploi

Foto: Bruno Munari
Ricerca della comodità in una poltrona scomoda

Previamente en Calle del Orco:
El lector haciéndose cargo del texto, Georges Perec

1 comentario
  1. mems83 dijo:

    Sobre Schwob no digo nada para no meter la pata como con Wallace. Como divertimento lo que explica es pasable.
    Yo señalaría que un lector nato lee un libro bueno en todas las posturas y sitios. En lugares raros y exóticos
    siempre llevaba en la mochila dos o tres novelas interesantes y era capaz de devorarlas en sitios
    donde no habían visto un diván en la vida.
    Pero siguiendo con mi obsesión volveré a hablar de los no editados, de los desconocidos, a pesar de lograr
    manuscritos superiores a muchos publicados. Pero aplastados por la conjura de los necios.
    la mayoría de las veces por no cumplir las normas del

    CODIGO DE COMPORTAMIENTO

    Para aviso y solaz de escritores y escritoras (estas últimas en un aluvión delicioso ya mas que los machos)
    deberán atenerse a estos condicionantes si quieren seguir adelante en la fauna literaria

    Primero. Jamás referirse despectivamente o poner peros a la obra de un mediocre. Porque al ser éstos
    múltiples copan ediciones, premios, se mezclan en tertulias y congresos adulándose mutuamente en
    sus bobadas, y atacando con ferocidad al creador original que no participa en su banquete de memeces.
    Segundo. Asimismo cuidarse mucho de denostar a editores. Siendo muchos de ellos malos
    pagadores, regateando cantidades a escuálidos plumíferos, o dando primacía a la carnaza comercial
    antes que al arte difícil, sin ellos el autor permanece solitario, abandonado y es rápidamente
    sumergido en el olvido si no publica frecuentemente. Por lo que nunca se debe calificar a
    un editor de forma que se sienta ofendido, aunque sea un pirata activo.
    Tercero. Asimismo conviene adular, sonreir, y asistir a presentaciones donde se encuentren
    críticos, la mayoría de ellos escritores frustrados ,y demostrarles con toda la cara lo que
    les admiráis. Porque ellos conchabados pueden hundir a un genio si es rebelde y actúa como tal.
    Por encima de ello su criterio va a ser el de miles de lectores que nunca leerán un libro
    acuchillado.
    Cuarto. En consecuencia de lo anterior nunca expreses que el lector ha errado si no compra
    tu libro. Eres tú quien te equivocas al no entender que esa capacidad de comprensión
    cada vez es mas extraña entre los pocos aficionados al lectercio, y que si no les das papillas
    gustativas de acuerdo con sus entendederas, recibirás el justo castigo de la falta de ventas.

    Si sigues estas normas, escritor en agraz, y lames suficientes traseros, puedes llegar a
    premio Nobel. Uno de esos trepas lo ha conseguido recientemente. Premio al que
    adivine su nombre.
    Hasta la próxima, orcos.

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