Ser felices o infelices nos lleva a escribir de un modo u otro, Natalia Ginzburg

Natalia Ginzburg

Nuestra felicidad o infelicidad personal, nuestra condición terrenal tiene una gran importancia en relación con lo que escribimos. He dicho antes que, en el momento en que uno escribe, se siente milagrosamente impulsado a ignorar las circunstancias presentes de su propia vida. Sin duda es así. Pero ser felices o infelices nos lleva a escribir de un modo u otro. Cuando somos felices, nuestra fantasía tiene más fuerza; cuando somos infelices, nuestra memoria actúa entonces con más brío. El sufrimiento hace que la fantasía se vuelva débil y perezosa; funciona, pero con desgana y languidez, con los movimientos débiles de los enfermos, con el cansancio y la cautela de los miembros doloridos y febriles; nos cuesta apartar la vista de nuestra vida y de nuestra alma, de la sed y de la inquietud que nos embarga. En las cosas que escribimos afloran entonces, continuamente, recuerdos de nuestro pasado, nuestra propia voz resuena de continuo y no conseguimos imponerle el silencio. Entre nosotros y los personajes que inventamos entonces, que nuestra fantasía languideciente consigue, no obstante, inventar, nace una relación particular, tierna y como materna, una relación cálida y húmeda de lágrimas, de una intimidad carnal y asfixiante. Tenemos raíces profundas y dolientes en cada ser y en cada cosa del mundo, del mundo que se ha poblado de ecos, de estremecimientos y sombras, y una piedad devota y apasionada nos une a ellas. Nos arriesgamos entonces a naufragar en un lago oscuro de agua muerta y estancada, y arrastrar con nosotros las criaturas de nuestro pensamiento, dejarlas perecer con nosotros en el remolino tibio y oscuro, entre ratas muertas y flores putrefactas. Hay un peligro en el dolor, así como hay un peligro en la felicidad, respecto a las cosas que escribimos. Porque la belleza es un conjunto de crueldad, de soberbia, de ironía, de ternura carnal, de fantasía y de memoria, de claridad y de oscuridad, y si no conseguimos obtener todo esto junto, nuestro resultado es pobre, precario y escasamente vital.

Natalia Ginzburg
Mi oficio, Turín 1949
Las pequeñas virtudes

Foto: Natalia Ginzburg

6 comentarios
  1. Muy cierto, cuando estamos tristes es muy difícil transmitir la felicidad en lo que escribimos, pues no podemos pensar más que en nubes grises.

    • “Tenemos raíces profundas y dolientes en cada ser y en cada cosa del mundo”

  2. carlos dijo:

    De Natalia Ginzburg, decían que era capaz de escribir una novela basada en hechos simples y cotidianos, creo que es verdad, pero generalizar tanto a lo mejor es muy arriesgado. Un abrazo.

    • Categorizar suele ser un riesgo del pensamiento. Gracias Carlos por el comentario. Un abrazo.

  3. Su novela “Léxico familiar” es genial. Impresiona más por lo que no dice que por lo que explica

    • Es un rasgo común de los grandes escritores. Muchas gracias Carme. Un abrazo.

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