Los cafés son un rasgo característico de Europa, George Steiner

sartre beauvoir vian

Los cafés son un rasgo característico de Europa. Van del establecimiento preferido de Pessoa, en Lisboa, a los cafés de Odessa donde todavía se siente la presencia de los gángsters de Isaac Babel. Se extienden desde los cafés de Copenhague, ante los cuales pasaba Kierkegaard durante sus paseos meditabundos, a los mostradores de Palermo. No hay cafés antiguos o característicos en Moscú, que es ya un suburbio asiático. Hay muy pocos en Inglaterra, luego de una moda efímera en el siglo XVIII. No hay ninguno en América del Norte, con excepción de esa sucursal francesa que es Nueva Orleáns. Si uno dibuja el mapa de los cafés obtendrá una de las referencias esenciales de la “noción de Europa”.

El café es un lugar de encuentro y complot, de debate intelectual y chismorreo, el lugar del flâneur y del poeta o del metafísico con sus infaltables cuadernos. Está abierto a todos y sin embargo también es un club, una francmasonería de reconocimiento político o artístico y literario, de presencia programática. Una taza de café, un vaso de vino, un té con ron franquean el paso a un local donde se puede trabajar, soñar, jugar ajedrez o simplemente pasar el día cómodamente. Es el club del espíritu y la “lista de correos” de los que no tienen domicilio. En el Milán de Stendhal, en la Venecia de Casanova, en el París de Baudelaire, el café albergaba a la oposición política, al liberalismo clandestino. En la Viena imperial y de entreguerras tres grandes cafés constituían el ágora, lugar para la elocuencia y la rivalidad de escuelas opositoras de estética y de economía política, de psicoanálisis y de filosofía. Las personas deseosas de encontrar a Freud o a Karl Kraus, a Musil o a Carnap, sabían con precisión en qué café buscarlos, en qué mesa sentarse. La última vez que Danton y Robespierre se entrevistaron fue en el Procope. Cuando en 1914 las luces se extinguen en Europa, Jaurès cae asesinado en un café. Y en un café de Ginebra, Lenin trabaja en su tratado sobre el empiriocri­ticismo mientras juega a ajedrez con Trotsky.

Obsérvense las diferencias ontológicas. Un pub inglés, un bar irlandés poseen un aura y una mitología particulares. ¿Qué sería la literatura irlandesa sin los bares de Dublín? ¿O dónde si no en la Museum Tavern habría encontrado el doctor Watson a Sherlock Holmes? Pero ésos no son cafés. Ahí no hay tableros ni periódicos colgando de su costilla de madera para que los clientes dispongan de ellos. No es sino hasta hace muy poco que tomar café se ha vuelto en Gran Bretaña un hábito público, envuelto aún en un halo italiano. El bar americano cumple un papel considerable en la literatura y el eros de ese país, en el carisma de figuras como Scott Fitzgerald o Humphrey Bogart. La historia del jazz es inseparable de él. Pero el bar americano es un santuario de penumbras, incluso de oscuridad, que palpita al ritmo de una música no pocas veces ensordecedora. Su sociología, su ropaje psicológico están impregnados de sexualidad, de presencias femeninas esperadas, soñadas o reales. Nadie redactaría un tratado de fenomenología en la mesa de un bar americano (cf. Sartre). Para poder permanecer, los clientes deben renovar sus consumos. Hay “desalojadores” para expulsar a los indeseables. Cada uno de estos rasgos define un genio radicalmente distinto del genio del café Central, del Deux-Magots o del Florian. “La mitología existirá mientras haya mendigos”, dijo Walter Benjamin, conocedor apasionado y peregrino de los cafés. Mientras haya cafés, la “noción de Europa” tendrá contenido.

George Steiner
Una idea de Europa, 2005

Foto: Jean-Paul Sarte, Simone de Beauvoir , Michelle y Boris Vian
en el café de Flore, 1949

9 comentarios
  1. Qué pena que se esté perdiendo ese concepto de los cafés, si es que ya no está enterrado junto a otras tradiciones literarias.

    Por cierto, magnífica foto 😉

  2. Habermas, en su libro sobre la evolución de la esfera pública en Europa, coloca, en el origen de los diarios, el café. Es curioso, revisando la historia del café que, según otros historiadores, no sólo los diarios, sino las agencias de seguro, comenzaron en los cafés. Lloyds of London, probablemente la agencia de seguros más rica del mundo, comenzó alquilándole al café de un tal Lloyd una mesita en su café cerca del puerto para vender seguros contra perdidas por situaciones marítimas. De ahí en adelante, la gente se reunía en los cafés, sobre todo en la Inglaterra del Addison y Steele, para conversar sobre las noticias del día y también para comparar la realidad del acontecer con la forma en que el primer diario reseñaba esos sucesos. Ese primer diario, The Tattler —y el segundo, y mejorcito, titulado “The Spectator”— reciclaba en sus páginas lo que allí se había hablado la noche anterior. Siendo un lugar público y a la vez privado, el café se convirtió en el alma y en el lugar de la comidilla del pueblo o de la ciudad. En un famoso ensayo titulado “El Café”, Mariano José de Larra, ese extraordinario periodista, nos cuenta cómo entraba al café con un disfraz para escuchar los chismes del día desde el anonimato, y lo importante que era para su “libertad de prensa” mantenerse detrás de una máscara al abrigo de la crítica de las víctimas de sus artículos satíricos. Nada más recordar, por otra parte, el protagonismo de los cafés en las más célebres novelas de Benito Pérez Galdós: “Fortunata” y Jacinta, “El amigo manso” y “Tormento”. La primera novela de Galdós en recibir atención —”La Fontana de Oro”— es la historia de la importancia de ese café en las luchas revolucionarias republicanas en la España del Trienio Liberal. Y a la verdad que yo creo que sin el espacio que provee el café no habría donde hablar a lengua suelta sobre los sucesos políticos o banales del día. Bravo por George Steiner, un hombre que siempre le toma bien el pulso a lo importante. Mi libro favorito de Steiner, “Language and Silence”, seguido de cerca por “Antígonas”. Gracias por colgar este fragmento. 🙂

    • ¡A ti por enriquecer la entrada! (todavía no he podido leer tu entrada sobre Ana Karenina ;))

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