Enumeración, por Georges Perec (IV)

La fecha: 20 de octubre de 1974
La hora: 13.05
El lugar: Café de la Mairie

Desde ya hace un buen rato (¿media hora?) un cana está de pie, inmóvil, leyendo algo, en el linde del terraplén, entre la iglesia y la fuente, dando la espalda a la iglesia.

Un taxi dos velomotores un fiat un peugeot un peugeot un fiat un coche del que no conozco la marca

Un hombre que corre

Claro. Ningún auto. Después cinco. Después uno.

Dos naranjas en una red.

Michel Martens, con un paraguas geranio

El 63

El 96

Una ambulancia de la asistencia pública (hospitales de París)

Un rayo de sol. Viento. Muy en el fondo, un coche
amarillo

Un ómnibus policial. Algunos coches. Un ómnibus Atlas Reiser

Un hombre cuyo brazo izquierdo está enyesado

Un 63 que se detiene excepcionalmente en la esquina de la rue des Canettes para dejar descender a una pareja de gente mayor

Un taxi DS de color verde

Un coche amarillo (el mismo) emerge de la rue Saint–Sulpice y se mete sobre la parte transitable del atrio

Justo enfrente del café, hay un árbol: una cuerdita está anudada alrededor del tronco del árbol.

Al fondo, cerca de la rue Férou, el coche amarillo se estaciona

El atrio está absolutamente vacío: es la una y veinticinco.

El agente sigue yendo y viniendo por el borde del terraplén, llegando a veces hasta la esquina de la rue Saint–Sulpice o alejándose casi hasta el frente del organismo impositivo.

El 96

Mirando sólo un detalle, por ejemplo la rue Férou, y durante el tiempo suficiente (uno o dos minutos), se puede, sin ninguna dificultad, imaginar que se está en Etampes o en Bourges, o incluso en algún lugar en Viena (Austria) donde por otra parte nunca estuve.

Vigilado, o más bien excitado por su amo, un perro negro salta en el terraplén.

Ladridos

Pasa un joven papá llevando a su bebé dormido sobre su espalda (y un paraguas en la mano)

El atrio estaría vacío si el cana no lo recorriera

El 63

El 96

En el fondo, dos chicos con anoraks rojos

Un volkswagen azul oscuro atraviesa el atrio (ya lo había visto)

Escasez de calmas totales: siempre hay un transeúnte a lo lejos, o un coche que pasa

El 96

Los turistas se fotografían delante de la iglesia

El atrio está vacío. Un ómnibus de turistas (Peters Reisen) vacío, lo atraviesa

El 63

Son las dos menos cinco

Las palomas están sobre el terraplén. Levantan vuelo todas al mismo tiempo.

Cuatro chicos. Un perro. Un rayito de sol. El 96. Son las dos

Georges Perec
Tentativa de agotar un lugar parisino
Texto integral

Foto del Café de la Mairie, Saint Sulpice, París

8 comentarios
    • Ya me di cuenta, pero la traducción me parecía buena. Además tengo lectores argentinos, encabezando tú la lista! Che!

  1. Leí esta pieza hace unos quince años y me pareció delirante y me irritó, pero la terminé de leer porque me gusta completar mis tareas. Hace como cuatro años volví a ella y pensé que era uno de los intentos más serios de imitar, en el siglo XX, el “Tristram Shandy” de Lawrence Sterne. Pude obtener, además de la edición francesa, una traducción inglesa excelente.

    Oye, Orco, me encanta tu blog. Gracias por seguir el mío!

    • Muchas gracias! Estoy de acuerdo que Sterne y Perec tienen mucho en común, son de este linaje de autores a los que les encantan jugar con todas las potencialidades que ofrece la novela. Y con cierto sentido del humor. Rabelais y Diderot también pertenecen a esta clase.
      Tu blog me gustó mucho también! Nos vemos aquí o en tu bodegón!

      1 abrazo

      • Diderot… “Ceci n’est pas un conte”… creo que es el cuento perfecto. “Las joyas indiscretas”… pero sobre todo “Jacques le Fataliste”, que fue la primera que leí, son novelas geniales. A veces pienso que su “Paradoja del comediante” de alguna manera remite a su forma de escribir novelas: puro artificio ostentado, el narrador como comediante con su saco lleno de trucos. Rabelais no me gusta tanto. Quizás lo lei a destiempo, cuando era adolescente, y me aburrí. A lo mejor le doy otra oportunidad en este contexto que planteas.

        Perec, por su parte, me robó el corazón en esos pasajes en que enumera los autobuses, su número de ruta y sus colores, los ruidos de la calle, las personas y sus muecas de cuerpo entero, todo chato, sin énfasis. Este tono casi robótico me recuerda también el narrador de “La Jalousie” por un lado, y el que me parece su opuesto, el Rilke de “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge”. Perec oscila quizás entre ambos textos: el testigo como cámara que da cuenta de lo que ve, de Robbe-Grillet, y la víctima asediada por la ciudad que es el pobre Malte, aplastado con tanto estímulo incomprensible, su sensorio desbordado. Esto como que me inspira a discutir a Perec y a Rilke en mis clases de arquitectura!!!

        Orco, me han dado ganas de regresar a esos textos que leí hace muchos años. Si regreso a ellos, estaré en deuda contigo. Vale la pena entrar a la blogosfera. Llevo aquí casi tres meses y estoy feliz. 🙂

  2. Increíble. Caminé hasta la “P” en el librero y ahí estaba: “Especies de espacios”, Montesinos (1999). Está dedicado por una amiga. ¡Ni me acordaba! Parece que mi cerebro no registró este regalo con una portada que parece hecha por Lucio Fontana: un tajo sobre una piel de hule blanco. La traducción es de Jesús Camarero. Suena un poco funky. Por ejemplo, me encantaría saber si en el original en francés la enumeración de verbos que aparece en la sección titulada “Instalarse” del capítulo “Apartamento” tenía los verbos en orden alfabético… intuyo que no, pero me intriga. Interesante que los tres verbos finales, colocados en columna, suenen al famoso ensayo de Heidegger “Construir, habitar, pensar”. Trataré de obtener el texto en francés, si bien me gusta como suena esta traducción medio funky-groovy.

    El próximo capítulo del libro de Perec, “Puertas”, comienza: “Nos protegemos, nos parapetamos. Las puertas paran y separan.” EL artículo de Georg Simmel, “Puente y puerta” (1909), tiene una intuición mucho más interesante que responde a la misma perplejidad que posteriormente mostrará Perec… dice Simmel: “Por el hecho de que la puerta pone una articulación entre el espacio del hombre y todo lo que está afuera del mismo, supera la separación entre el adentro y el afuera.” Parece que Perec olvidó que la puerta cierra, pero también abre, y esta doble posibilidad es lo que la distingue del muro… Sigo leyendo… ¡Ah! ¡”Paredes”!… 🙂

    Es obvio que Perec no escribe este texto por mera inspiración, sino luego de una buena indagación sobre el issue del espacio. Veo demasiada lectura detrás de sus palabras y en la forma en que plantea sus “perplejidades”, ya que no sus “problemas”. Por ejemplo, leo ahora “Hay cuadros porque hay paredes”, dice Perec. Y de inmediato recuerdo las primeras páginas del tratado de pintura de Leon Battista Alberti: “Un cuadro es una ventana que contiene una historia.” ¡Ah! No veo por ningún lado que haya una ventana para la “ventana”…. Sólo cuadros.

    Bueno, Orco, me has ayudado a recuperar un regalo olvidado. Ahora es un regalo doble: ¡de mi amiga Gladys y tuyo! I’m lucky!!!

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