La función de la crítica es salvar la obra del artista que la creó, Simon Leys

Simon Leys

Desde mi punto de vista, la mejor definición de la crítica  la proporcionaron dos genios creativos. Y, de nuevo, como tantas veces, los mejores críticos son también grandes escritores. Primero Chesterton, que era un soberbio crítico literario: “La función de la crítica, caso de que tenga alguna función, sólo puede ser una, la de tratar con la parte subconsciente de la mente del autor, que sólo el crítico puede expresar y no con la parte consciente de la mente del autor, que el propio autor puede expresar. O bien la crítica no es buena en absoluto (una posición muy defendible) o bien la crítica supone decir de un autor solo aquello que lo hará pegar un buen respingo”. Lo que completaré con una cita de D.H. Lawrence —de nuevo un escritor crítico es un genio de la crítica—: “Nunca confíes en el artista, confía en la historia. La adecuada función de una crítica es salvar a la historia del artista que la creó”.

Estas dos afirmaciones contienen una conclusión paradójica: los mejores creadores de la literatura mundial no necesariamente saben lo que están haciendo; puede que estén intentando hacer una cosa, pero lo que realmente consiguen puede ser bastante distinto, como los críticos perceptivos señalarán.

Por ejemplo, al escribir la más universal obra de la literatura mundial, Don Quijote, Cervantes persiguió conscientemente el que era un objetivo al que había dedicado cierto tiempo: denunciar la insensatez de un género literario de la época, las novelas de caballería. Un objetivo que ya era bastante irrelevante en esa época y que no ha vuelto a interesar a nadie desde entonces.

Nikolai Gogol, tras escribir su inmortal obra cómica Almas muertas, tenía pensado continuar con una segunda parte que, afortunadamente, la muerte le impidió completar. Gracias a los fragmentos que sobreviven uno puede ver que era un sermón carente de humor que negaba por completo el espíritu que animó la primera parte. Gogol no comprendió su propia obra maestra.

En la segunda parte de su larga vida, Tolstoi llega prácticamente a disculparse por haber escrito Anna Karenina. Una actividad que terminó por parecerle frívola, cuando no pecaminosa. De modo que en vez de continuar por ese camino se dedicó a escribir monótonos y sociopolíticos panfletos religiosos además de perder el tiempo convirtiéndose en el líder de una secta fanática.

Se podrían multiplicar los ejemplos de grandes escritores que no sabían lo que hacían o que se engañaron sobre sus verdaderos logros, lo cual nos lleva a un nuevo problema: la frecuente dicotomía entre el libro y su autor. El contraste, la oposición, entre el escritor y el hombre. En otras palabras, el problema de la biografía literaria.

Simon Leys
Sobre la crítica literaria: por qué y cómo
Traducción: Teresa Lanero

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Aún no he conocido a un hombre que se correspondiese con su obra. O era claramente mucho más grande y mejor que ella, o claramente mucho menos grande y peor […] De hecho, no es el simple hombre quien hace la cosa: es el hombre inspirado. Y la razón de que nos sorprenda la vanidad de los artistas es que, más o menos conscientemente, apreciamos el contraste entre lo que Dios ha hecho a través de ellos y sus propios yoes repugnantes […] Cuando se trata de una obra de genio, el hombre está muy por debajo de ella: está en un plano diferente. Ningún hombre es por sí mismo un genio. Ese genio se le presta desde fuera.

Hilaire Belloc
Citado por Simon Leys en La verdad de Simenon

Previamente en Calle del Orco:
Los más grandes críticos literarios del siglo XX son generalmente escritores, Ricardo Piglia
Hay algo que Kafka tiene en común con Proust, Walter Benjamin