Que el autor y el traductor se hagan amigos es natural, Ernst Jünger

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Mi traductor al inglés, Ralph Manheim, ha fallecido el 26 de septiembre de 1992, a los ochenta y cinco años y medio de edad, en Cambridge. Digo “mi” traductor, aun cuando para el mundo, como mínimo, él quedará igual de grabado en la memoria como el traductor de Günter Grass, de las obras de Bertolt Brecht, de la correspondencia entre Freud y Jung, ¡de los cuentos de hadas de los hermanos Grimm!, de Heidegger…; del francés: de Céline, Tournier, Simenon; del serbocroata (quedémonos con esta denominación): de Danilo Kis… Ralph Manheim era para mí el “mío”, en primer lugar, porque estaba orgulloso de tener un traductor semejante -todos mis libros en prosa, desde Carta breve para un largo adiós hasta los narrativos Ensayos, fueron traducidos al inglés por él-, y luego, por la distancia tan cordial como, de manera no infrecuente, malhumorada que nos unía a Ralph y a mí a través de nuestro trabajo con la palabra. Precisamente, aquello de mis cosas que le era extraño (sobre todo mi búsqueda religiosa -¿o histérica?- de un lugar en Lento regreso) no le produjo rechazo a él, el judío cosmopolita, el hombre de las mujeres y los jardines, sino que lo estimuló a volverlo en forma objetiva, en un inglés maravillosamente seco al tiempo que flexible y liviano, verdaderamente gráfico; si a Ralph Manheim mi alemán le parecía extravagante o a veces incluso enajenado ( me lo hizo saber de manera cariñosamente irónica), también tiene que haber presentido, me imagino yo, una urgencia y cierta veracidad, y eso, con muchísimas libertades y aun así de forma fiel, lo trasladó al más natural anglosajón; en su idioma yo leía mis libros, sin su alemán lleno de rodeos y búsqueda, como reportes fácticos o crónicas lapidarias al tiempo que compasivas; una y otra vez quise aprender se sus traducciones para mi propia escritura, cosa que conseguía para algunas oraciones, pero en otras el idioma alemán me parecía querer o exigir más, o de forma distinta… ¿más rodeos? Como sea, las frases inglesas de mi traductor Ralph Manheim serán con mayor fuerza aún en el futuro frases axiomáticas para mi prosa alemana. En La tarde de un escritor conté sobre una visita de Ralph Manheim en Salzburgo: él aparece ahí como traductor y como héroe; héroe de la exactitud y de lo incidental. Hace cuatro años, cuando le devolví la visita en Cambridge, me dio a leer como tarea para el hotel su traducción de Afternoon of A Writer. Y de nuevo sentí como si solo mediante el lenguaje y el ritmo de este traductor el relato estuviera “del todo ahí”. Se lo dije a Ralph al otro día, y él sonrió satisfecho. Hablamos luego sobre esta o aquella palabra dudosa, como lo veníamos haciendo ya desde siempre, Ralph Manheim empezó, mientras reflexionaba sobre las palabras correctas, con su extraño zumbido o entonación, un murmullo que aumentaba y se hacía más agudo, hasta que al final, seca y perentoria, llegaba la palabra única y definitiva. Una vez trasladada a su manuscrito, Ralph Manheim se subía a su bicicleta y pedaleaba por sobre el río Cam hacia su casa, hacia su mujer Julia y su jardín. El fruto de su zumbido: los casi doscientos libros correspondientes.

Peter Handke
El zumbido del traductor, 1992

***

Con los traductores he sido particularmente afortunado. Que el autor y el traductor se hagan amigos es natural. Su encuentro conduce a un eros y a una lid espirituales, lleva a penetrar hasta el fondo en la exposición lingüística. Estar a su altura, dominarla mediante astucias, movimientos estratégicos, sorpresas, hasta que la consonancia deviene armonía; de tal forma puede nacer una nueva obra, en la que ambos toman parte. Por eso, en una traducción bien lograda, el autor se ve a sí mismo en una nueva dimensión.

Ernst Jünger
La tijera

Foto: Peter Handke y Ralph Manheim

3 comentarios
  1. mems83 dijo:

    Traductore, traditore. Pero para serlo hay que amar la literatura porque las editoriales pagan miseria por un
    trabajo duro y arriesgado, que tiene su parte creativa en autores difíciles de interpretar.
    Normalmente en estos blogs se explayan los éxitos, los autores consagrados, y se olvidan los desahuciados,
    quienes nunca llegan. o las penalidades pasadas por muchos que luego consiguieron la fama.
    Un novelista hoy adulado, el chileno Roberto Bolaño. conoció esas amarguras del desconocido..
    En la Barcelona de finales de los setenta existía un bar llamado El portalón en el barrio gótico, donde
    de apiñaba toda especie de bohemios malditos artísticos normalmente sin dinero y viviendo a salto de mata
    cada día. Era un bar tiznado y antiguo con unas barricas de vinos a la entrada, paredes mohosas y
    ambiente irrespirable por el tabaco y los porros. Los sablazos eran por cantidades miserables,y el
    ambiente enrarecido por tantos fracasos acumulados.
    En una de las mesas una tarde bebía solitario, Bolaño, aislado del entorno, con su frente depejada
    y gafas redondas.Me fijé en él porque desde una rendija del techo un rayito de luz golpeaba su rostro. Aguantaba. lo supe mas tarde, presentándose en concursos pequeños para raspar
    unas pesetas que le ayudaran entre trabajos ajenos de lo literario. Aquel bebedor
    exhalaba una sensación de originalidad, algo distinto a otros clientes. No podía
    saber que venía de un torrente de disparates entre poetas locos y borrachos en México, que
    reflejó en sus Detectives salvajes, y que solo alentaba para expresar esas sensaciones.
    Me recibió con hastío. Pero como ya estaba muy bebido farfulló algo sobre lo que soportaba.
    al explicar que intentaba: vivir de su obra.Los editores de este país son unos explotadores de mierda gruñó, Y de
    repente se levantò algo tambaleante diciendo, adiós tío, y desapareció hacia un rumbo impreciso.
    .Nunca el volví a ver y cuando supe de la resonancia de su obra, ahora
    ya exaltada por quienes antes le ignoraban (la eterna maldición) recordé ese rato vinícola
    en el lugar exacto, y una frase que pronunció : Esta vida es una mierda pero solo por eso merece
    la pena vivirla..

    • mems83 dijo:

      Las gracias a tí,cher César, por tu amabilidad. Verás, cuando tras años de estar exiliado del mundo
      literario por cantar verdades que no soportan los mediocres pontífices que dominan el mundo de
      las letras publiqué mi primer comentario en la red dije: Prefiero un solo lector que ninguno.
      Por ello seguiré en este blog (si lo permite el administrador que se también ama la escritura)
      sacando a la luz a los desheredados, los impublicados, quienes se han quemado las pestañas
      para lograr obras originales rechazadas, lejos de los caras que pergeñan un texto para vender
      sobre hechos históricos, intrigas policiales o explicando cuando se enamoraron.
      Te lo dice uno que en dos de sus novelas ha alcanzado los precios mas altos en Amazon entre los
      autores españoles con textos publicados hace mas de treinta años. mientras esos
      escribidores de la nada no son leídos al año siguiente de editados. Como castigo, este suceso se calla
      vergonzante, en todos los cenáculos y revistas culturales del ramo. Pero is the game.
      Un saludo afectuoso, amigo.

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