Los silencios literarios, Roberto Bolaño

Westerwald jóvenes campesinos

El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano, que explicarlo es perder el tiempo. Hay varias versiones. Una que explicaba Monterroso es que Rulfo tenía a su tío fulanito, que le contaba historias, y cuando le preguntaron por qué ya no escribía, él contestó porque se me murió el tío fulanito. Y yo me lo creo, además. Otra explicación es simple y sencilla, y es porque ya está, todo tiene fecha de caducidad. Por ejemplo, a mí me inquieta mucho más el silencio rimbaudiano que el silencio rulfiano. Rulfo deja de escribir porque él ya había escrito todo lo que quería escribir y, como se ve incapaz de escribir algo mejor, simplemente para. Rimbaud probablemente hubiera podido escribir algo mucho mejor, que ya es decir palabras muy altas, pero ése es un silencio que a los occidentales nos plantea preguntas. El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. Después del postre, ¿qué coño vas a comer? Hay un tercer silencio literario, que es el no buscado, el de las sombras que uno está seguro de que estaban allí en el umbral y que no han llegado a ser jamás hechos tangibles. Por ejemplo, está el silencio de Georg Büchner. Él muere a los 25 o a los 24 años, deja tres o cuatro obras de teatro que son cuatro obras maestras, una de ellas Woyzeck, una obra maestra absoluta, otra sobre la muerte de Danton, que es una obra maestra enorme, no absoluta pero notabilísima, y las otras dos, una se llama Leonce y Lena y la otra no me acuerdo, que son de una importancia fundamental. Todo esto antes de cumplir 25 años. ¿Qué hubiera pasado si Büchner no hubiera muerto, qué escritor hubiera habido ahí? Y este silencio no buscado es el silencio de…, no me atrevo a llamarlo destino…, es una manifestación de la impotencia. El silencio de la muerte es el peor de los silencios, porque el silencio rulfiano es un silencio aceptado y el rimbauldiano es un silencio buscado, pero el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás. No sabremos nunca si Büchner hubiera sido más grande que Goethe o no; yo creo que sí, pero no lo sabremos nunca. No sabremos jamás que habría podido escribir Büchner a los 30 años. Y eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas.

Roberto Bolaño
Entrevista con Eliseo Álvarez
Revista Turia, Teruel, junio de 2005

Foto: August Sander
“Jóvenes campesinos”, Westervald, 1912
Portada de Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas

4 comentarios
  1. Maia L.B. dijo:

    A veces, tras escuchar algunas historias de vida, me pregunto por qué escriben algunas personas y otras no. Por qué algunas personas escriben sin tener lo qué decir realmente y otras, con historias que uno pensaría sólo podrían ser inventadas por cerebros con una capacidad de imaginación infinita, prefieren callar. Me podrán decir que no todo el mundo sabe escribir; que algunos no tienen necesidad. Yo creo, luego de lo poco o mucho que he oído y visto, que algunas personas tienen tanto para decir, tanto, que solo les queda una opción: el silencio.

  2. Qué buena esa frase: “Después del postre, ¿qué coño vas a comer?”. Más allá del misterio de la muerte, creo que muchas veces pedimos de un escritor como productor, y nos olvidamos de que es también un ser humano. Otro misterio. No lo digo en tono naïf/new age. Vaya uno a saber realmente qué le pasó a Rulfo, o si más de uno no buscó apurar su muerte. O si Büchner seguiría escribiendo o no….. Y cuánto autor casi inédito o desconocido por voluntad ropia también,. Porque pensamos en los que no publicaron más después de consagrarse, pero qué hay de aquéllos que nunca lo quisieron?

  3. En mi humilde opinión …pienso, que no hay vida humana y de todo ser de lo existente (sin caer aquí, en mayores disertaciones escatológicas), que no cumpla, plena y cabalmente con su destino…en tal sentido, si la elección fué el silencio, y desde él y con él se avocó la muerte, es tan grandioso y digno cometido, como el de los y las que dijeron mucho o poco…pretender mas de los otros, cuando no encaramos en presente el sino propio, me parece soberbia e irrespeto..Cabe aquí recordar a Camus cuando dijo:”no hay destino que no se venza con el desprecio”….en el ámbito de tal enunciado cabrían también, el sarcasmo, la ironía, la diatriba furiosa, el aforismo certero, una existencia ruidosa o modesta….etc….y porsupuesto el silencio, a mi juicio, la mas honrrada de las elecciones.

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