La vida nocturna europea, Ernest Hemingway

La vida nocturna en Europa no se reduce simplemente a una lista de cafés. Es una especie de enfermedad extraña y persistente cuya llama se ha avivado desde la guerra. Esta llama está quemando a una generación entera.
La vida nocturna de París es de lo más civilizada y entretenida. La de Berlín es la más sordida, desesperada y viciosa. La de Madrid, la más aburrida, y la de Constantinopla es, o era, la más emocionante.
París se acuesta más temprano que cualquiera de las grandes ciudades del mundo. A las doce y media en punto salen los últimos ómnibus que cruzan la ciudad, el último tren ruge por los túneles del metro, y las calles alrededor de la Ópera se vacían como si hubiera sonado el toque de queda. Los taxis abandonan las calles para irse a casa, y los últimos trenes están albarrotados de parisinos que regresan a sus casas.
París es un desierto. Hace horas que se han bajado las cortinas y que los barrios residenciales duermen profundamente. Sólo quedan las aves nocturnas. ¿Adónde van? […]
La vida nocturna de Berlín está a las antípodas de la de París. Berlín es una ciudad vulgar, fea, huraña y disipada. Después de la guerra, se sumergieron en una orgía que los alemanes llamaban el baile de la muerte. La vida nocturna de Berlín no tiene nada de atractivo o alegre. Es absolutamente repugnante. […]
Madrid es otra cosa. En Madrid nadie se va a la cama. Pero tampoco hacen nada para divertirse. Sólo se quedan despiertos y hablan.
A las dos de la madrugada, en el centro de Madrid hay tanta actividad como en pleno día. Los cafés están llenos, las calles están atestadas de gente. En los teatros de Madrid, las funciones empiezan a las diez de la noche. Las matinés empiezan a las seis y media de la tarde. […]
Italia es un país curioso para la vida nocturna. La vida nocturna debe entenderse no necesariamente como algo disipado o relacionado con ir a salas de baile, sino sencillamente como un estado extraño y febril que mantiene a la gente en danza a horas en las que lo natural sería estar durmiendo. […]
La vida nocturna es extraña. No parece que haya una razón o regla que la controle. Cuando la buscas, no la encuentras. Y cuando no la quieres, no puedes escapar de ella. Es un producto europeo.

Ernest Hemingway
La vida nocturna europea: una enfermedad
The Toronto Star Weekly, 15 de diciembre de 1923

Foto: Ernest Hemingway en la Plaza del Castillo -Pamplona- Julio 1959

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