Para mí, el cuerpo es un lugar real. Es un lugar al que se va, un lugar que se habita. Es el escenario fundamental de todas las experiencias que tenemos. Y, a veces, también es un lugar del que uno se marcha en momentos de miedo, de crisis, de duelo, de depresión o de dolor.
Estoy intentando crear un arte que le suceda al lector en su propio cuerpo, en su cuerpo real. Por eso, en cada relato jugaba con la idea de sacar al cuerpo de sus circunstancias materiales y otorgarle una conciencia. Dejar que el cuerpo tuviera su propio punto de vista. Mientras escribía Chronology of Water, tenía literalmente esa pregunta pegada en la pared, encima de mi escritorio. Era una nota que decía: «¿Y si el cuerpo tuviera su propio punto de vista?»
Y no me refiero a la vieja dicotomía filosófica entre mente y cuerpo. Me refiero a que, con demasiada frecuencia, no consideramos la experiencia del cuerpo como algo igual de importante o inseparable de la experiencia de la mente.
Por ejemplo, si llevas toda tu vida adulta con un dolor de espalda, no nos preguntamos lo suficiente qué historia habita en ese dolor. ¿Qué intenta decirte tu columna vertebral?
Creo que todos caminamos por el mundo llevando inscritas en nuestros cuerpos todas y cada una de las experiencias que hemos vivido. En nuestros cuerpos físicos. Y en mi trabajo quiero que esos cuerpos signifiquen; no como personajes tradicionales, sino como si las historias que albergan en su interior se activaran, aunque solo fuera por un instante.
Lidia Yuknavitch
Entrevista con Cornelia Channing
The Paris Review
Foto: Lidia Yuknavitch