Don Quijote es nuestro hermano, Lydie Salvayre

Lydie Salvayre

Contra esas lecturas apresuradas, someras o perezosas, quisiera, querido Señor, después de Spinoza (que le situaba por encima de Platón), después de Laurence Sterne (que prefería su Quijote a los más grandes héroes de la Antigüedad), Montesquieu (que decía: Los españoles no tienen más que un buen libro, aquel que ha mostrado el ridículo de todos los demás), los hermanos Schlegel, Schelling, Victor Hugo (que le clasificaba entre los grandes genios junto a Homero, Dante, Rabelais y Shakespeare), Verlaine, Balzac (que encontraba su Quijote sublime), cito a estos autores en desorden,
Flaubert (que sabía su libro de memoria antes de saber leer), Chesterton, Sainte-Beuve (que lo llamaba la Biblia de la humanidad), Apollinaire, Nabokov, Turguénev, Dostoievski (que saludó el más grande y el más triste de todos los libros), Rubén Darío, Carlos Fuentes, Jorge Enrique, Torrente Ballester, Franz Kafka, Herman Melville, Mark Twain, Dickens, Joyce, Thomas Mann, William Faulkner (que leía su libro todos los años), Bergson, José Saramago, Günter Grass, Gabriel García Márquez (que también sabía capítulos de memoria), Miguel de Unamuno, Goytisolo, Borges, Cendrars, Cioran (que trataba al Quijote de histérico), Camus, Aragon, Michel Foucault, Georg Lukács, Julián Ríos, Arrabal, Montherlant, Thomas Pynchon, Michel del Castillo, Le Clézio (que declaró que su libro era el más inventivo del mundo), Jean Canavaggio, Salman Rushdie, y tantos y tantos otros,
pero, vaya, ninguna escritora que yo conozca, ¿por qué? sería apasionante comprender por qué, quisiera, con una mala fe amorosa de la que soy plenamente consciente, quisiera tomar parte, por mínima que fuera, en el proyecto de devolver al personaje de don Quijote su incorregible bondad, su radical insubordinación y su coraje tan generoso.

Y decirle, querido Señor, que don Quijote es nuestro hermano. Nuestro hermano soñador en un mundo brutal, nuestro hermano insurgente en un mundo abatido, nuestro hermano indócil, colérico, intempestivo, tumultuoso, incandescente y que dice no (un no desesperado a veces), que dice no a la insoportable injusticia, como a la indiferencia hastiada o al consentimiento blando ante aquello que podría un día llevarnos rumbo a lo peor.

Ese hermano, querido Señor, esa pura figura de ficción, esa pura figura poética, es para nosotros una presencia cada día más necesaria y más valiosa.

Pues es gracias a las brechas abiertas por el Quijote y los iluminados de su especie en los muros que nos rodean, que nuestro mundo sigue siendo todavía habitable y aún deseable.

Señor Cervantes, gracias.

Lydie Salvayre
Rêver debout

Foto: Lydie Salvayre