Entre los veinte y los cuarenta años estamos inmersos en el proceso de descubrir quiénes somos, lo que implica aprender la diferencia entre las limitaciones accidentales, que es nuestro deber superar y dejar atrás, y las limitaciones necesarias de nuestra naturaleza, que no podemos transgredir impunemente. Muy pocos de nosotros somos capaces de aprender esta diferencia sin cometer errores, sin tratar de convertirnos en una persona algo más universal de lo que nos está permitido. Es durante esta etapa cuando un escritor puede extraviarse más fácilmente por culpa de otro escritor o de alguna ideología.
Cuando alguien entre los veinte y los cuarenta años afirma, a propósito de una obra de arte «Sé lo que me gusta», en realidad está diciendo: «No tengo gusto propio, pero acepto el gusto de mi entorno cultural», porque, entre los veinte y los cuarenta años, el indicio más seguro de que un hombre tiene un gusto propio genuino es que no está seguro de él.
Después de los cuarenta años, si no hemos perdido de todo nuestro auténtico ser, el placer puede convertirse de nuevo en lo que era cuando no habíamos salido de la niñez, el guía más idóneo para saber qué deberíamos leer.
W.H. Auden
Los señores del límite
Traducción: Jordi Doce
Galaxia Gutenberg
Foto: W.H. Auden