Sólo Boswell tuvo la genialidad de la biografía, Giorgio Manganelli

Samuel Johnson

Si no tuviéramos la espléndida Vida de Richard Savage, su nombre habría desaparecido por completo de la historia de la literatura inglesa; y si James Boswell no hubiera transcrito diálogos y réplicas, si no hubiera reconstruido la vida de Johnson prácticamente día a día, bastante pobre e incompleta sería la imagen de Samuel Johnson. Sin la boswelliana Vida de Johnson, conoceríamos a un crítico agudo, a un elocuente y afectuoso cronista de episodios literarios, a un docto lexicógrafo; en conjunto, a un hombre difícil de abordar, melancólico, escasamente poético, inclinado a la pedantería, una figura digna y honesta. Pero Boswell nos ha transmitido mucho más. Su Vida de Johnson es la primera biografía moderna, un hito en la historia de la literatura. No es una crónica de acontecimientos externos, ni tampoco un panegírico, ni un ensayo crítico, sino la reconstrucción sobre el papel de una figura compleja, la búsqueda del ritmo, de la naturaleza de su vitalidad; no el relato de las vicisitudes de un escritor, sino el calco literario, increíblemente fiel, de su existencia, de su manera de ser: en esta visión de un individuo, un gesto es más importante que un texto crítico, una palabra, una frase ingeniosa, un diálogo rápido, nacido para ser olvidado, más importante que un documento. Se ha dicho que incluso sin Boswell tendríamos la leyenda de Johnson: su sólida personalidad y esa mezcla de entusiasmo y tenebrosidad, de sentido común y prejuicios, de generosidad y cicatería podemos encontrarlas también en las páginas de Fanny Burley, de la señora Thrale, de Hawkins. Sin embargo, sólo Boswell convirtió esa leyenda fragmentaria en una historia orgánica, y a su héroe, en una figura a la vez fascinante y trágica; sólo Boswell tuvo la genialidad de la biografía, la memoria integral y seleccionadora a un tiempo, el gusto por la presencia concreta, la capacidad, con carácter épico, de objetivar no sólo al personaje, sino también a sí mismo frente a éste.

Giorgio Manganelli
Vida de Samuel Johnson

Gatopardo ediciones
Traducción: Teresa Clavel

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Una noche en que Beauclerck y Langton habían cenado en una taberna de Londres, pasadas ya las tres de la madrugada se le metió en la cabeza ir a despertar a Johnson para ver si conseguían de que saliera a callejear con ellos. Llamaron violentamente a la puerta de sus aposentos en el Temple, hasta que apareció él en camisa, con su pequeña peluca negra en la cabeza en vez de gorro de dormir y un atizador en la mano, imaginando probablemente que unos rufianes venían a atacarlo. Cuando vio de quién se trataba y le dijeron la razón por la que habían ido a buscarlo, sonrió y de buen humor, aceptó su propuesta: “¡Ah, sois vosotros, sin vergüenzas” Pues claro que voy a dar un paseo”. En un momento estuvo vestido, y se pusieron en camino hacia Covent Garden. A aquella hora los fruteros y verduleros, recién llegados del campo, empezaban a disponer sus cestos. Johnson hizo algunos intentos de ayudarlos, pero los honrados hortelanos se quedaron tan atónitos al ver su aspecto y sus maneras, así como su extraña intervención, que no necesitó mucho para percatarse de que sus servicios no eran bien recibidos. Entonces entraron en una taberna cercana y se tomaron una taza de ese licor con especias que a Johnson siempre le había gustado […]. No se demoraron mucho allí, sino que se encaminaron hacia el Támesis, tomaron una barca y remaron hasta Bellingsgate. Beauclerck y Johnson disfrutaban tanto que decidieron persistir en sus disipaciones durante el resto del día, pero Langton se marchó, pues se había comprometido para almorzar con unas jóvenes, Johnson lo reconvino por “abandonar a sus sociables amigos para ir a sentarse a la mesa con un puñado de muchachas de cabeza hueca”. Cuando Garrick se enteró de aquella aventura, le dijo con agudeza: “He oído hablar de tus andanzas de la otra noche. ¡Acabarás saliendo en el Chronicle!” Acerca de esto, Johnson comentó más tarde: “Él jamás se atrevería a hacer una cosa así. ¡Su mujer no se lo permitiría!”.

James Boswell
Vida de Johnson

Imagen: Samuel Johnson