La necesidad de crear otros seres, Georges Simenon

Indice personajes Simenon

Como Simenon concedió tantas entrevistas y publicó extensas confesiones grabadas, la gente podría creer que era un hombre inclinado a la publicidad personal. Pero no es así en absoluto. Sólo se esforzaba obstinadamente en proyectar una determinada imagen de sí mismo: la imagen de “un hombre normal”, un hombre sin problemas, en paz consigo mismo.
Un juez al que le entregasen el sumario de Simenon se quedaría sin duda desconcertado por las flagrantes discrepancias entre la descarada confianza en sí mismo de él y la notoria y desgarradora evidencia de sus personajes. Pero ¿no nos advierte el propio Maigret que nunca debemos confiar de los jueces? Los jueces no entienden nada. Si lo entendiesen, ¿cómo iban a poder seguir juzgando?
En una ocasión, sin embargo, como si se tratase de un descuido, Simenon hizo una confesión auténtica. A veces, un escritor puede hablar más verazmente sobre sí mismo cuando piensa que sólo está hablando de otro escritor al que estima particularmente. En 1960, en un programa de radio dedicado a Balzac, Simenon dijo cosas mucho más reveladoras que las extensas, embarazosas y superfluas memorias que dictó al final de su vida. En ese retrato de Balzac, hay afirmaciones que adquiere un peso singular:

La necesidad de crear otros hombres, de extraer de uno mismo una multitud de personajes diferentes, difícilmente podría surgir en un hombre que se siente armoniosamente engranado en su pequeño mundo. ¿Por qué habría de esforzarse uno obstinadamente en vivir las vidas de otras personas si tuviese confianza en sí mismo y no estuviese descontento?

[…] El ansia de crear personajes, de inventar otros seres, adquiere en Simenon las proporciones de una obsesión tan excluyente y devoradora que podríamos utilizar su caso para un análisis clínico de la fisiología y la patología de la creación literaria. De hecho, es esa misma compulsión la que inyecta en sus novelas un sentimiento de necesidad ineludible. Leyendo sus obras, uno verifica la veracidad del comentario de Julien Green: “Los únicos libros que importan son aquellos de los que cabe decir que su autor se habría asfixiado si no los hubiese escrito”. Pocos escritores han sido tan pura y totalmente novelistas; buenos especialistas en el asunto como Gide y Mauriac se dieron cuenta muy pronto de esto, y su admiración por la fenomenal habilidad de Simenon estaba teñida de un deje de envidia: ¿cómo se las arreglaba aquel tendero belga, tosco y vulgar, para superarlos de manera tan deslumbrante en su propio terreno?

Simon Leys
“La verdad de Simenon”
Discurso pronunciado en la Académie Royale de Littérature Française de Bélgica (1992), con ocasión de la elección de Simon Leys para ocupar el sillón de Georges Simenon.

Foto: Index des personnages de Georges Simenon (¡695 páginas!)
Michel Lemoine
Editions Labor, 1985

Previamente en Calle del Orco:
Mis personajes tienen vida propia, Georges Simenon