Este frasco de viejo borgoña para hacer frente a la melancolía, Romain Rolland

Romain Rolland

No estoy todavía muy adelantado en mi lectura; ya han pasado los tiempos en que contemplaba a menudo en mi biblioteca hileras de libros, leía los títulos y tomaba la resolución, ante algunos de los que había amado un día, de releerlos una vez más. No obstante estos últimos días he vuelto a coger uno de esos viejos libros y he releído algunos capítulos. Era el Colas Breugnon de Romain Rolland. Hacía más de veinte años que no lo había hojeado, pero en todo ese tiempo no olvidé jamás la dedicatoria con la que Rolland me lo había dado en la primavera de 1919. Abrí las tapas ya muy amarillentas y volví a leer las palabras de la dedicatoria: A Hermann Hesse ofrezco afectuosamente este frasco de viejo borgoña para hacer frente a la melancolía. Estas palabras fueron escritas en el libro en abril de 1919, con su escritura enérgica, danzante, en líneas que saltan y con intervalos desiguales. Esa escritura tiene algo de la jovialidad y de la alegría de Breugnon. Tomé pues una copa de viejo borgoña: volví a leer tres capítulos: la visita a la casa de la mujer que amó en su juventud –Belette-, La Muerte y la Vieja, y La Casa quemada. Me había entregado a la lectura con ese matiz de ansiedad con el que se vuelve a coger, mucho tiempo después, un libro que se ha amado. Es, siempre, una prueba; siempre hay la posibilidad de que, ya el libro, ya el lector, no soporten la prueba. En el caso presente había que contar con que, desde el comienzo de nuestra amistad en los primeros años terribles de la guerra, yo había siempre buscado, amado y venerado en Rolland, más al gran hombre y al amigo de los hombres, que al hombre de letras. Pero he aquí que ese viejo borgoña tenía un perfume más cálido y más precioso que antaño; me abandoné al bienestar de ese encuentro, y detrás del libro volví a ver al poeta, con su faz ascética y sus ojos claros y penetrantes; esos ojos podían, a veces, en medio de una entrevista seria, mirarte con tanta gentileza y de una manera ligeramente irónica… Fueron algunas horas buenas y por ello se lo agradezco.

Hermann Hesse
A propósito de tres libros
Neue Zürcher Zeitung, 17 de febrero de 1951

Foto: Romain Rolland, 12 de agosto de 1936