Para escribir, hace falta un mínimo de severidad con uno mismo, de exigencia, de no mentirse. Hay que intentar no ser mentiroso para que la escritura pueda avanzar. Ahora bien, somos mentirosos: mentimos todo el tiempo, todos los días, para protegernos. Es nuestra muleta.
Y quizá ahí haya, efectivamente, un trabajo de confesión por hacer: hay que confesarse a uno mismo, y eso no es fácil. Diría que se trata de una práctica moral de la escritura, un esfuerzo previo indispensable. Estoy convencida de que quien no haya hecho ese trabajo y se lance a la novela sin haberlo realizado no llegará muy lejos. Yo soy el primer otro, por supuesto.
Hélène Cixous
Le Bon plaisir d’Hélène Cixous
France Culture, 1987
Foto: Hélène Cixous