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Archivo de la etiqueta: Walter Scott

G. K. Chesterton

Sin embargo, cuando leía novelas era tan frugal, y tan codicioso, como un campesino francés. Me gustaba tanto contemplar el grueso volumen de una novela de detectives como un grueso pedazo de queso; abrirlo por la primera página, entretenerme con el primer párrafo y luego volver a cerrarlo y sentir el poco placer que había desperdiciado. Y mis novelistas preferidos siguen siendo los grandes novelistas del siglo XIX que dan impresión de volumen y variedad, como Scott, Dickens o Thackeray. Obtengo el mismo o mayor placer artístico y siento la misma o mayor simpatía moral hacia muchos escritores posteriores, con el contundente mot juste de los relatos de Stevenson o con la ironía insurgente de los del señor Belloc. Pero Stevenson tiene un defecto como novelista, y es que hay que leerlo muy deprisa. Novelas como Mr. Burden no sólo exigen que se las lea deprisa sino también con ansia: describen una lucha breve y encarnizada, y el ánimo del lector y del escritor es heroico y extraordinario, como si fuesen dos hombres librando un duelo. En cambio, Scott, Thackeray y Dickens poseían el misterioso talento de la novela inagotable. Incluso al llegar al final, sentimos a veces que no tiene fin. Hay gente que afirma haber leído Pickwick cinco, cincuenta o quinientas veces; por mi parte, sólo la he leído una vez. Desde entonces, he habitado en Pickwick y he entrado en ella siempre que me apetecía, igual que otros entran en su club. Y siempre que lo he hecho he tenido la sensación de descubrir algo nuevo. No estoy seguro de que autores tan estrictos y modernos como Stevenson o el señor Belloc no padezcan a causa del rigor y la agilidad de su arte. Si un libro ha de ser habitable, debería ser también (igual que ocurre con una casa) un poco desordenado.

G. K. Chesterton
Cómo escribir relatos policíacos

Foto: G. K. Chesterton, 1930
Photo by Keystone/Getty Images

Previamente en Calle del Orco:
Ese secreto que daba hondura a las personas, Patrick Modiano

Faro Bell Rock, William Turner

Apenas hay una luz en alta mar desde la isla de May hacia Lerwick, al norte, que no haya diseñado un antepasado mío, y muchas veces he pensado que para hallar una familia comparable a la nuestra en su promesa de memoria inmortal habría que retrocederse a los faraones egipcios.

Robert Louis Stevenson

Sir Walter Scott había visitado Bell Rock ciento setenta años antes. También había ido en el vapor de los inspectores, justo tras la sonada y anónima publicación de Waverley. Su guía fue nada menos que Robert Stevenson*, quien describió su visita el sábado 12 de julio de 1814:

Propuse desembarcar pronto y desayunar en el faro […]. En consecuencia, enviaron al mayordomo con unas cestas para que las pusiera en la mesa de la biblioteca o “Sala de los Desconocidos”; un buen desayuno escocés. Terminado éste, el libro de firmas del faro fue pasando de mano en mano por la mesa, pero cuando llegó a Sir Walter, el señor Erskine puso la mano sobre la página y le dijo: “Ah, no, Scott, tienes que poner algo más que Walter Scott”. […] pareció que la propuesta casi lo incomodaba y, levantándose de la mesa, se quedó un rato mirando por una de las ventanas […]. Al final Sir Walter cogió la pluma y escribió estas bellas y expresivas líneas:

Pharos loquitur
muy adentrado en lo más hondo,
por estos indómitos promontorios guardia monto,
rojiza gema de tornadiza luz
fijada al tenebroso rostro de la noche,
el marinero saluda mi luz
y renuncia a desplegar su prudente vela.

[Far in the bosoms of the deep,/ O’er these wild shelves my watch I keep,/ A ruddy of changeful light/ Bound on the dusky brow of night./ The seaman bids my lustre hail/ And scorns to strike his timorous sail.]

Nicholas Rankin
Robert Louis Stevenson
De Escocia a los Mares del Sur

Cuadro: William Turner, 1824
Bell Rock light house during a storm from the North East

*Robert Stevenson (1772-1850) fue el abuelo de Robert Louis Stevenson

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