Detrás de una ventana

Alejandro Cerutti

En mis solitarios paseos por la ciudad suele provocarme agradabilísimas sensaciones y bellísimas imágenes la visión del interior de las habitaciones que yo miro desde abajo, desde la calle, a través de sus ventanas abiertas. Estas habitaciones no me provocarían nada si yo las mirara estando dentro. ¿No es esta una imagen de la vida humana, de sus estados, de los bienes y gozos suyos?

Giacomo Leopardi
Zibaldone, fragmento 4421
Traducción: Elena Martínez
Editorial: Gadir

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Ahora ya ha dejado de darme miedo la libreta negra. me ayuda a inclinarme sobre el pasado, y esta expresión me hace sonreír. Era el título de una novela: Un hombre se inclina sobre su pasado, que encontré en la biblioteca de la casa, unos cuantos estantes de libros juntos a una de las ventanas del salón. ¿El pasado? No, qué va, no se trata del pasado, sino de los episodios de una vida soñada, intemporal, que le arranco, página a página, a la desabrida vida cotidiana para proporcionarle algunas sombras y algunas luces. Esta tarde, estamos en el presente, llueve; las personas y las cosas están ahogadas en la grisura y espero con impaciencia la noche, cuando todo destacará de forma clara precisamente por los contrastes de la sombra y de la luz.
La otra noche, iba cruzando París en coche y me turbaban todas esas luces y sombras, esos modelos de farolas de diferentes épocas que, en toda una avenida o en la esquina de una calle, me daban la impresión de estar haciéndome señas. Era la misma sensación que se nota cuando nos quedamos mucho rato mirando una ventana con luz: una sensación de presencia y ausencia a la vez. Detrás de los cristales, la habitación está vacía, pero alguien se ha dejado encendida la lámpara. Para mí no hubo nunca ni presente ni pasado. Todo se confunde, como en esa habitación vacía donde luce una lámpara todas las noches.

Patrick Modiano
La hierba de las noches
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Editorial: Anagrama

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Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive.

Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo.

De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad.

Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros.

Y tal vez me digan: «¿Cómo sabes que esa leyenda es la verdadera?». ¡Qué me importa la realidad que se halle fuera de mí, si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy.

Charles Baudelaire
«Las ventanas»
Pequeños poemas en prosa o Spleen de París
Traductor: Joaquín Negrón Sánchez
Editorial: Visor

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¿Por qué la mirada que se dirige a ventanas ajenas da siempre con una familia comiendo, o con un hombre solitario frente a una mesa, ocupado en enigmáticas nimiedades bajo la lámpara del techo? Una mirada así es el núcleo originario de la obra de Kafka.

Walter Benjamin
Libro de los pasajes
Traducción: Fernando Guerrero
Editorial: Akal

Foto: Alejandro Cerutti
New York City Windows