Que todo siga latiendo, Miguel Ángel Hernández

Miguel Ángel Hernández

Por la tarde comienzas a leer el libro de Mieke Bal sobre la relación entre Munch y Flaubert. Conforma avanzas te das cuenta de la sabiduría y la destreza de Mieke. Cada párrafo es una declaración metodológica. La pintura de Munch crea un personaje, Edvard. La literatura de Flaubert, otro, Emma. Los personajes tienen vida. Son actores en un marco de representación. La literatura y la pintura de estos autores es “cinemática”. Se mueve. En todos los sentidos. Y, moviéndose, logra conmover. El arte, para Mieke, en realidad, por encima de cualquier otra cosa, es movimiento. Pensar es también poner las cosas movimiento. Actuar es mover el mundo. Vivir es moverse hacia delante. Subrayas esa idea. Y la comparas con todo lo que sientes ahora: el pasado, aún ahí, la felicidad del aire que una vez respiramos; el futuro, incierto, imposible. Sólo hay presente. Y para que ese presente esté vivo debe moverse, latir. Es difícil, pero es lo único que tienes: que todo sigue latiendo.

Miguel Ángel Hernández
Aquí y ahora. Diario de escritura
Editorial: Fórcola

Foto: Miguel Ángel Hernández
Créditos: Lola Salinas. Revista MAGMA