Borges hablando de la lluvia, Enrique Vila-Matas

Place des Saussaies Paris 1950s

Y si algo aún me llama la atención en todo lo ocurrido en aquellos días de octubre es que para narrar mi encuentro con el hombre que pudo ser Pynchon y transcribir sus implacables últimas palabras y así hallarle un sustituto a la financiación de Van Gogh, haya tenido que poner en pie toda una época ya concluida; una época acabada, consumada, más gastada que la tendencia a ocultarse de Gran Bros. A veces, cuando veo que he tenido que escribir sobre un tiempo ya tan caducado, me pregunto si no será que a lo mejor, como dicen algunos, a la ficción le gusta el pasado y por eso tiende a correr el riesgo de no ser ya sino cosa del pasado, que es lo que solían decir los hegelianos hablando del arte en general y Borges hablando de la lluvia.

Enrique Vila-Matas
Esta bruma insensata

***

Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto

patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Jorge Luis Borges
La lluvia

***

Escribo estas palabras en Roma en abril de 1944, o sea, mientras Europa yace exhausta y aplastada bajo el martillo de Thor. Claro está que mientras escribo estas líneas los trasatlánticos no zarpan de Le Havre rumbo a Nueva York. Pero estas líneas las escribo como escritor, no como periodista. Y escribir como escritor significa no escribir desde el presente, sino a partir de los recuerdos o por anticipación. De donde cabe inferir la siguiente definición de periodista: el que escribe sin memoria. Acaso un día yo mismo escriba sobre esta guerra, pero sólo cuando la presente guerra haya pasado también ella a ser huésped de la memoria.

Alberto Savinio
Maupassant y “el otro”
Nota 16 

***

Esta bruma insensata en la que se agitan sombras, ¿cómo podría esclarecerla?

Raymond Queneau
Chêne et chien

Foto: Place des Saussaies, París, años 1950
Fotógrafo desconocido

Previamente en Calle del Orco:
También allí hay dioses, Ernst Jünger
La lectura ofrece cobijo, Juan Marsé