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Archivo de la etiqueta: Novela policiaca

The-Billy-Boys-Jack-Vettriano

En una ocasión en que Kafka vio una novela policíaca entre los libros que llevaba en mi cartera, me dijo:
- No debe usted avergonzarse de leer algo así. Al fin y al cabo, Crimen y Castigo de Dostoievski tampoco es más que una novela policíaca. ¿Y el Hamlet de Shakespeare? Es un drama de detectives. En el centro de la trama hay un misterio que se va revelando poco a poco. Pero ¿hay un misterio más grande que la verdad? La poesía siempre es una expedición en busca de la verdad.
- ¿Pero que es la verdad?
Kafka permaneció en silencio unos instantes y después sonrió pícaramente.
- Parece como si acabara de pillarme diciendo una vacuidad, pero en realidad no es así. La verdad es lo que todo hombre necesita para vivir y que, sin embargo, no puede obtener ni adquirir de nadie. Cada persona tiene que producirla una y otra vez a partir de su propio interior, o de lo contrario dejará de existir. La vida sin verdad no es posible. Quizá la verdad sea la vida misma.


Gustav Janouch

Fragmento de Conversaciones con Kafka

Cuadro: “The Billy Boys” de Jack Vettriano
Portada de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño

- El asunto tiene sus puntos de interés. Porque si uno de los siameses confiesa, supongamos, ¿te has parado a pensar en el problema que se le plantearía al juez para dar sentencia?
- ¿Cómo?
- Verás -siguió Ellery-. Supongamos que nuestro hombre es Francis. Confiesa el crimen, exonerando de culpa a Julian, que fue forzado por él a permanecer, ¡qué remedio!, a su lado mientras cometía el asesinato. Probamos que Julian es en efecto completamente inocente, tanto de intenciones como de hechos. Así que se juzga a Francis, se le declara culpable, y se le condena a muerte.
- ¡Canastos! -exclamó el inspector.
- ¿Te das cuenta? Francis juzgado, culpable y condenado a muerte, mientras el pobre Julian tiene que estar a su lado sufriendo mental y físicamente, encarcelado y… ¿muerto? Y no es más que una víctima inocente de las circuntancias. ¿Cirurgía? La ciencia actual dice que los gemelos siameses con un órgano importante en común no pueden ser separados con garantía de éxito, de modo que moriría el inocente junto al culpable. Descartemos la cirurgía pues. ¿Y entonces qué? La ley dice que una persona condenada a muerte debe ser ejecutada, pero en este caso no podría hacerse porque sería ejecutar también a un inocente, y si no se realiza la ejecución se viola descaradamente la ley. La fuerza irresistible tropezando con la barrera inamovible – Ellery dejó escapar un suspiro-. Me gustaría enfrentar a unos cuantos leguleyos con el problema, creo que debe ser el problema legal más complicado de la historia del Derecho… Bueno inspector, ¿qué cree usted que va a pasar en su precioso caso?

Ellery Queen, 1933
El misterio de los hermanos siameses

Cuadro de Sabine Pinbouen
Siameses

“Tengo el convencimiento fundado en mi experiencia, Watson, de que los callejones más infames y repugnantes de Londres no presentan un registro de pecados peor que el sonriente y hermoso entorno campestre.”

Arthur Conan Doyle
La aventura de Copper Beeches

Cuadro de Vassily Perov, 1879
Caza del oso en invierno 

“El tiempo, ahora que el crimen había sido cometido; el tiempo, que había terminado para la víctima, se había convertido en perentorio y trascendental para el asesino.”

Markheim, Robert Louis Stevenson
Foto: Columbo, Un candidato al crimen 

“No diré una palabra sobre lo que hace el autor de este impresionante misterio. Me limitaré a decir lo que no hace. Y lo cierto es que, basándome sólo en lo que no hace, podría redactar un encomio entusiasta: sobre los sólidos cimientos de lo que no hace podría erigirse una torre eterna de latón. Pues lo que no hace es justo lo que hoy en día hace todo el mundo para destruir la verdadera literatura detectivesca y echar a perder esta legítima y deliciosa forma artística. No introduce en la novela una vasta pero invisible sociedad secreta con ramificaciones en todas las partes del mundo, con esbirros capaces de hacer cualquier cosa, o con sótanos subterráneos en los que esconder a cualquiera. No estropea los perfiles puros y encantadores de un asesinato o un robo clásicos envolviéndolos en la sucia y manoseada cinta roja de la diplomacia internacional; no rebaja nuestros elevados ideales del crimen al nivel de la política exterior. No introduce súbitamente al final un hermano de alguien llegado de Nueva Zelanda y que es idéntico a él. No reconstruye con toda prisa el crimen en las últimas dos páginas hasta llegar a un personaje insignificante, de quien nunca llegamos a sospechar porque lo habíamos olvidado. No supera la dificultad de escoger entre el protagonista y el villano recurriendo al cochero del protagonista o al ayuda de cámara del villano. No introduce un criminal profesional que cargue con las culpas de un crimen privado, acción poco deportiva donde las haya y una prueba más de cómo el profesionalismo está arruinando nuestro sentido nacional del deporte. No recurre a seis personas seguidas para llevar a cabo distintas partes del asesinato: uno para coger la daga, otro para apuntar y otro para clavarla. No dice que fue todo un error y que nadie quería matar a nadie, para gran decepción de cualquier lector compasivo. No comete ese error tan generalizado de creer que, cuanto más complicada, mejor es la historia. Su novela es bastante enrevesada y algunas cosas son criticables, pero su secreto está en el centro, y ésa es la cuestión crucial en cualquier obra de arte.”

G.K. Chesterton
Prefacio a La carta equivocada de Walter S. Masterman

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