La novela no está agotada, Milan Kundera

Pero ¿no llega la novela al fin de su camino por su propia lógica interna? ¿No ha explotado ya todas sus posibilidades, todos sus conocimientos y todas sus formas? He oído comparar su historia con las minas de carbón desde hace ya largo tiempo agotadas. Pero ¿no se parece quizá más al cementerio de las ocasiones perdidas, de las llamadas no escuchadas? Hay cuatro llamadas a las que soy especialmente sensible.

La llamada del juego. – Tristam Shandy de Laurence Sterne y Jacques el fatalista de Denis Diderot se me antojan hoy como las dos más importantes obras novelescas del siglo XVIII, dos novelas concebidas como un juego grandioso. Son las dos cimas de la levedad nunca alcanzadas antes ni después. La novela posterior se dejó aprisionar por el imperativo de la verosimilitud, por el decorado realista, por el rigor de la cronología. Abandonó las posibilidades que encierran esas dos obras maestras y que hubieran podido dar lugar a una evolúcion de la novela diferente de la que conocemos (sí, se puede imaginar también otra historia de la novela europea…).

La llamada del sueño. – Fue Franz Kafka quien despertó repentinamente la imaginación dormida del siglo XIX y quien consiguió lo que postularon los surrealistas después de él sin lograrlo del todo: la fusión del sueño y la realidad. Esta es, de hecho, una antigua ambición estética de la novela, presentida ya por Novalis, pero que exige el arte de una alquimia que sólo Kafka ha descubierto unos cien años después. Este enorme descubrimiento es menos el término de una evolución que una apertura inesperada que demuestra que la novela es el lugar en el cual la imaginación puede explotar como en un sueño y que la novela puede liberarse del imperativo aparentemente ineluctable de la verosimilitud.

La llamada del pensamiento. – Musil y Broch dieron entrada en el escenario de la novela a una inteligencia soberana y radiante. No para transformar la novela en filosofía, sino para movilizar sobre la base del relato todos los medios, racionales e irracionales, narrativos y meditativos, que pudieran iluminar el ser del hombre; hacer de la novela la suprema síntesis intelectual. ¿Es su proeza el fin de la historia de la novela, o más bien la invitación a un largo viaje?

La llamada del tiempo. – El período de las paradojas terminales incita al novelista a no limitar la cuestión del tiempo al problema proustiano de la memoria personal, sino a ampliarla al enigma del tiempo colectivo, del tiempo de Europa, la Europa que se gira para mirar el pasado, para hacer su propio balance, para captar su propia historia, al igual que un anciano capta con una sola mirada su vida pasada. De ahí el deseo de franquear los límites temporales de una vida individual en los que la novela había estado hasta entonces encerrada incorporando a su ámbito varias épocas históricas. (Aragon y Fuentes ya lo han intentado.)

Pero no quiero profetizar sobre los futuros derroteros de la novela, de los que nada sé; quiero decir únicamente: si la novela debe realmente desaparecer, no es porque esté completamente agotada, sino porque se encuentra en un mundo que ya no es el suyo.

Milan Kundera
La desprestigiada herencia de Cervantes 

Cuadro de Lucien Jonas
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3 comentarios
  1. La ciudad de un billón de sueños dijo:

    ¡Hola! ¿Cómo va todo? Bueno, estaba repasando los blogs en esta tarde de domingo. Estaba entre contestarte el de Camus -Bodas en Tipasa es una preciosidad; me gusta hablar de la otra literatura de los genios, aunque debes saber que la edición de Alianza de El extranjero reposa en mi pequeña biblioteca- y el de Kundera. Pero es que el tema de la muerte de la novela, que va junto a esa otra idea de “la novela perfecta” me parece interesante. Me río de esa muerte de la novela: como género de producción textual, seguirá existiendo aún y con vigor. Solo hay que ver las ventas. ¿Qué se ha inventado que la sustituya? De momento nada. La poesía sigue ocupando el lugar que tuvo siempre, minoritario y prestigioso. Así que, formalmente hablando, coincido con Kundera: ese camino de “hay que seguir buscando” para llegar a más vías de expresión a través de la novela, no solo para llegar a esa “novela perfecta” que no es sino una idealización, ya que nada es perfecto en el universo -¿qué lo es? ¿tal vez una ecuación matemática?-. Me gusta la narrativa de Kundera aunque en su aplicación matemática -dicho por él mismo- de construcción de sus novelas no estoy tan de acuerdo -a él le funciona, pero no sé si es exportable o me equivoco y es lo ideal-. Un abrazo.

  2. La ciudad de un billón de sueños dijo:

    ¡Hola! Vaya, se me borró el comentario -jaja-, qué rabia. Nada, mandarte un saludo y resumido -qué jode repetirlo todo, era un comentario enorme-: coincido con Kundera en que no hay muerte de la novela, es una idea repetida hasta la saciedad y sin sentido. Decir eso es como decir que se han agotado las formas, las posibilidades formales, ¿por qué no se dice lo mismo de la poesía? ¿Acaso ya se ha escrito el poema perfecto? ¿Y se puede hacer? ¿Se puede escribir la novela perfecta? Esto de la perfección… Un abrazo (adoro Camus, casi te repondo el otro, Argel, Bodas en Tipasa, dios mío, menuda prosa, eso es escribir bien y lo demás tonterías).

    • Hola Julio! Perdona, hasta ahora no he tenido tiempo de contestar..
      En efecto tampoco creo en el final de la novela. La novela avanza con la historia y el mundo y nuevas formas nacerán y morirán, pero la novela seguirá.
      Kundera no es uno de mis escritores preferidos, sin embargo me encanta cuando habla de literatura. Esta manera que tiene de hablar de las potencialidades de la novela y del escritor como “explorador de la existencia”. Se asemeja mucho a Deleuze cuando habla de rupturas perpetradas por tal o tal escritor y es curioso como ambos citan a los mismos autores (un ejemplo: Musil y Kafka http://calledelorco.com/2012/04/14/el-acto-fundacional-de-la-novela-americana-gilles-deleuze/). Seguramente nos hallamos ante un gran encuentro.
      Por otro lado tengo una debilidad por la “llamada al juego” del siglo XVIII. Jacques le fataliste es genial.
      1 abrazo, nos vemos!

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